Uriel Flores Aguayo / .

Todo está mal o todo está bien

2017-08-27

Históricamente la polarización de posturas
y opiniones han determinado el
comportamiento social y político, este
tiempo no es la excepción; tenemos una
dificultad fuerte para los matices y la
generosidad. Es más fácil, evita pensar
mucho y hace simple la identidad, adoptar
posturas absolutas de considerar
que todo está bien o todo está mal,
según el lugar donde nos ubiquemos.
En el fondo hay componentes autoritarios,
de renuncia a pensar, nulo
compromiso de Estado cuando se trata
de actores políticos. Se niega el pluralismo
a partir de auto concederse el
mejor papel y descalificar a los otros.
Ese es un eterno debate, la limitación
de no entender y reconocer al otro, al
diferente.
Lo veo en tiempo real, a todo color en
Veracruz, donde el debate público tiene
todos esos ingredientes con el agregado
de una coyuntura especial que se sale de
cualquier normalidad: exgobernador
preso, arcas vacías, entorno violento
en exceso, alternancia política, etc.
No solo en el debate, entre bizantino y
esquemático, pobre e intrascendente,
sino en los hechos, en la conducta de
los actores políticos.
Sin que sea todavía notable seguramente
hay por ahí posturas del todo
está bien o mucho mejor a lo vivido en
la decena trágica en Veracruz, espero
que no se llegue a consolidar algo así.
Donde no hay duda en su dinamismo
y abundancia es en el campo del todo
está mal; es una postura sistemática,
mayormente dolosa, interesada, fácil,
que no se compromete a nada, que se
abstrae del colectivo privilegiando
afanes facciosos.
En ambos casos se carece de autocrítica
y de crítica constructiva; no se
reconocen las fallas propias, solo se
ven en el de enfrente y se empeñan en
destruir. Hay una carencia de valores
democráticos que implican convivencia
y reconocimiento dentro de la pluralidad.
Viven para reafirmar sus posturas,
como opositores u oficialistas, buscando
todos los días el defecto y el error del
adversario que, en muchos casos, ven
como enemigo, para seguir convencidos
de estar en el lado correcto.
A partir de esos círculos viciosos se
cancela o dificulta el diálogo, sin este no
hay acuerdos y se abre paso a la siempre
desgastante confrontación. Sobre esas
bases de nulo o poco entendimiento es
mucho más difícil la gobernabilidad y
El Progreso.
Apesadumbra observar los comportamientos
de las oposiciones locales,
con un discurso tan pobre y sin ánimo
propositivo, lleno de ocurrencias
y lugares comunes, de autoconsumo y
autoregodeo.
Incumplen con el mandato electoral
y omiten que son lo que la gente les da.
Al anteponer intereses partidistas a los
de los ciudadanos desnaturalizan su
papel y se vuelven parte del problema
que dicen querer resolver.
Mientras la oposición se amuralle
para no asumir responsabilidades
mayores y dialogar con todos su papel
será marginal y anecdótico. Puede,
incluso, defraudar a sus votantes que,
como todos en todo el mundo, buscan
empleo, vivienda, escuelas, hospitales,
recreación y seguridad. No se conforman,
más allá de breves coyunturas
electorales, de puros rollos.
Alguien tiene que dar el primer paso
siempre, haya o no respuesta, como
voluntad democrática, como expresión
de calidad política. Lograrlo supone
un escalón civilizatorio, entonces no
es nada fácil; implica humildad y autocrítica.
En un ambiente de permanente y
grosera confrontación, aumentado en
esta coyuntura de preparativos electorales
de carácter federal, puede ser
una ingenuidad plantear otros y más
positivos comportamientos políticos y
sociales; pero no hay de otra, señalamos
esa ruta y hacemos algo o vamos a la
repetición de los enfrentamientos, el
inmovilismo y la frustración popular...
Recadito: Lo mejor de la vida no
pasa por siglas políticas o seudo ideologías....
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