Flavio Morales Cortés / Letra Capital

El oficio más peligroso del mundo

2017-08-23

No, no es el periodismo. Tampoco califica para esa denominación un repartidor de pizzas, el maquinista de un tren en Siberia, domador de fieras o predicador en un barrio Sunita.
No; el oficio más peligroso del mundo es el de político veracruzano. Sí, sí, así como lo lee y no es para que le guarde consideraciones, o se desdoble en lamentos o deje de lanzarles improperios cada vez que sus decisiones afectan su vida cotidiana.
Si decidimos que el oficio más peligroso del mundo es el de político en Veracruz, es porque detrás hay una serie de análisis y valoraciones del riesgo que conlleva dedicarse a esta actividad en una entidad como la nuestra.
Hoy en Veracruz, ser político implica -además del consabido escarnio público-, estar en el filo de la navaja entre un pasaporte a la buena vida de por vida o una orden de aprehensión.
Aún sin haber cometido un delito, abusado del erario o defraudado la confianza popular, el político veracruzano puede pasar a la sombra por el simple hecho de pertenecer al equipo equivocado, o por andar con malas compañías o sencillamente porque le tocó ser carne de cañón de un gobierno fallido que debe dar pan y circo para distraer la atención de sus gobernados.
El político veracruzano también tiene expuesto su patrimonio, ese que con tanto esfuerzo acumuló a través, muchas veces de elaborados entramados financieros como empresas fantasma y figuras menos creativas.
En Veracruz -y aquí sí por favor puede condolerse- un político está en riesgo de devolver lo saqueado, algo I N É D I T O en el ejercicio público nacional. Aquí se rompe aquello de que lo del agua al agua o se cuestiona el apotegma ‘no me den; a mí pónganme donde hay’, porque para como están las cosas, lo que hay muchas veces al final de su gestión en un cargo público, es una orden de embargo.
El político veracruzano es dilapidado en las redes sociales, puede quedarse sin esposa y también sin amante, es más, la esposa y la amante también pueden perder los regalos brindados por los generosos políticos veracruzanos.
O se queda como el perro de las dos tortas, un día lo tiene todo; es por ejemplo diputado en el Congreso local y seguro candidato a la presidencia municipal del pueblo y al día siguiente, luego de protagonizar su propio big brother, perder la chamba, perder la candidatura y de pilón, haber devuelto el donativo ‘para la causa’.
Pero lo más grave, lo más delicado, lo que sin duda vuelve a este oficio el más peligroso del mundo: el político veracruzano es carnicero hoy pero al dejar el cargo público, entrará en la categoría de ‘las reses de mañana’.
¿Alguien en su sano juicio quiere ser político en Veracruz? Para los que están en ejercicio ahora, vale recordar el dicho popular que dice: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, es hora de cambiar de profesión.

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