Agustín Gálvez / K.O. Lima Lama

‘Saber escuchar’

2017-08-13

Recuerdo del tiempo cuando cursaba la secundaria, en la materia de educación cívica, la maestra nos relataba cómo cada uno de nosotros nos comportamos de distintas maneras al escuchar a los demás, dependiendo de quién nos esté hablando, nos decía, si es tu madre quien te está dando instrucciones o alguna tarea domestica en que quiere que la ayudes muchas veces haces poco caso al escucharla, pero si es tu novia o novio, pones toda la atención minuciosa y cuidadosa, ya que están en la edad de las ilusiones y cuando comienza a despertar la atracción por otra persona.

Nos comento también sobre el que es selectivo en la escucha y el ejemplo que no he olvidado desde entonces, - una señora platica a su esposo las actividades del día mientras este ve en la televisión el canal de deportes al cual ponía más atención que al relato de su esposa y a todo solo contestaba “aja” – fíjate que fui al banco a pagar la luz y el teléfono, cuando pase por los niños a la escuela hubo un accidente entre un taxista y un autobús y el trafico fue un caos, también hable con mi mamá y me cuenta que todos está bien por allá, ha pero fíjate que pase por una boutique y vi un vestido precioso y que me lo compro, en ese momento gira la cabeza velozmente y le dice, ¿qué cosa? Y ¿cuánto te gastaste?, a todo solo contestaba aja y a esto si puso atención y lo hizo reaccionar – ese es una escucha selectiva.

Muchas veces somos desatentos y solo queremos escuchar lo que nos interesa y lo demás lo desechamos, eso definitivamente es una descortesía.

Pero ¿que sería entonces saber escuchar? Saber escuchar es tener la disposición de atender y entender a los demás, es importante diferenciar entre oír y escuchar, oír solamente es hacer uso del sentido que nos mantiene en frecuencia en nuestro entorno en el mundo de los sonidos. Escuchar su especial sentido se centra en prestar atención, en atender.
Puede ser que estemos oyendo pero no escuchando, escuchar implica el compromiso con la persona que nos está hablando, entender y atender cuidadosamente.

En el mundo de hoy, en las grandes ciudades vivimos estrechamente con otras personas, multitudes muchas veces y, sin embargo vivimos muy solos. No nos hablamos, nos ignoramos los unos a los otros y si llegamos a tener algún contacto, se reduce a frases sencillas y obligadas de cortesía.

La falta de comunicación se agrava más, cuando usamos audífonos para escuchar música, nos aislamos e inconscientemente decimos en nuestro interior, no me molesten, solo vivo mejor y nos encerramos en nuestro propio mundo.

No queremos escuchar y no sabemos escuchar y paradójicamente estamos en un mundo necesitado de ser escuchado, nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos y todo nuestro entorno social, nosotros mismos tenemos esa necesidad de ser escuchados.

Cuantas veces no nos ha sucedido que viajando ya sea en un taxi o en un viaje más largo quizás de una ciudad a otra, repentinamente nos vemos platicando con un perfecto extraño y muchas veces terminamos contando cosas personales o intimas que nos han sucedido, y al final nos sentimos un poco mejor de haber charlado con alguien que quizás pensando que nunca más lo volveremos a ver y por ello no sentimos pena de haber hablado con sinceridad, sentimos garantizada la discreción, todos necesitamos ser escuchados.

Muchas veces recibimos consejo u orientación y si no simplemente el poder descargar cosas que muchas veces no podemos descargar de otra forma, más que siendo sinceramente escuchados.

Los niños generalmente defiende al amiguito o amiguita que es el quemas los escucha, los adolecentes se sienten siempre regañados en casa y sienten que no saben escucharlos y por ello buscan esa escucha en otras partes (muchas veces en las calles) que les ayuden a descargar sus problemas y en donde se sienta más comprendidos, aunque desgraciadamente muchas veces encuentran malos consejos a sus problemas existenciales propios de su edad.

Nos urge aprender a escuchar empáticamente a los demás, principalmente los padres de familia, los maestros y entrenadores, los líderes religiosos, los orientadores entre otros más. Y tenemos que aprender a escuchar personal y confidencialmente sin que esto llegue a implicar la complicidad. Para una buena escucha no cabe el enojo ni la burla, pero si la tolerancia y la comprensión.

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