Alicia Dorantes / Rincón de la Abuela

Lis, la pequeña recolectora… y la batalla de Solferino

2017-07-30


«Ser miembro de la Cruz Roja es distinguir el ulular de las sirenas a la distancia y sentir el pecho latir con firmeza por llegar a tiempo para brindar nuestra ayuda».

En medio de aquel sol abrasador, di de beber a unos, refresqué con agua las heridas de otros y consolé a los agonizantes, a quienes sus propios compañeros empujaban con el pie porque estorbaban el pasó Al atardecer, cuando el velo del crepúsculo caía sobre ese extenso campo de batalla, más de un oficial y más de un soldado francés, o austriaco, buscaban, aquí o allá, a un camarada, a un compatriota, a un amigo; quienes encontraban a un militar conocido, se arrodillaban a su lado, intentaban reanimarlo, le estrechaban la mano, restañaban sus heridas o rodeaban el miembro fracturado con un pañuelo, pero sin poder conseguir agua para el desventurado ¡Cuántas lágrimas silenciosas se derramaron ese penoso atardecer, cuando se prescindía de todo falso amor propio, de todo respeto humano!» . Me refiero a lo que en aquel terrible atardecer, Henry Dunant, dijo al término de la fiera batalla de Solferino… aunque crueles, son todas las batallas… Sí. Crueles e inhumanas.

Pasaron los años… Henry Dunant, autor del párrafo que antecede a esta descripción, dijo: “Siempre es insuficiente el personal de las ambulancias militares, y seguiría siéndolo aunque se duplique o se triplique: hay que recurrir, inevitablemente, al público; no queda otro remedio; y siempre será así, porque sólo con su cooperación se puede esperar el logro de la finalidad propuesta. Por ello, he ahí un llamamiento que ha de hacerse, una súplica que ha de presentarse a los seres humanos de todos los países y de todas las categorías, tanto a los poderosos de este mundo como a los más modestos artesanos, ya que todos pueden, de uno u otro modo, cada uno en su entorno y según sus capacidades, colaborar, en cierta medida, para llevar a cabo esta buena obra”.

¿Henry Dunant?… ¿Quién fue él? Fue un escritor, empresario, filántropo y humanista suizo fundador de la Cruz Roja, autor del libro “Un recuerdo de Solferino” (1862) libro en el que reclamó la creación de un cuerpo de voluntarios para socorrer a los heridos de guerra sin distinción del bando que fuera. En 1901, recibió el primer Premio Nobel de la Paz. Dicha petición sirvió más tarde para la fundación de la Cruz Roja. En 1864 se redactó la Convención de Ginebra con base en algunos de los postulados humanitarios de Dunant.

Ahora bien, conocí la Cruz Roja en Veracruz, la viví muchos años atrás: cuando realicé mis guardias en ella, mientras estudiaba medicina. El jefe de nuestra guardia era mi querido amigo el Dr. Gil Trujillo Nieto, ido ya tiempo atrás ¿Por qué hablar de la Cruz Roja ahora? Bueno porque un domingo pasado, la más pequeña de mi nietas: Lis, a sus escasos diez años de edad, portó orgullosa una alcancía con el logotipo de la benemérita Cruz Roja: se las habían dado en la escuela, a ella y a sus compañeritas, con la misión de solicitar ayuda a las personas que junto a ella pasaran y la niña, obediente, trató de hacer eso en Plaza Américas, sólo que las personas, se sonreían con ella… algunas acariciaban su rubia cabecita, pero se excusaban “por no traer dinero”.

Recuerdo que un slogan de la Cruz Roja dice algo así como; “nadie es lo suficientemente rico para no necesitarla, ni nadie tan pobre, como para no ayudarla”… Creo que ese día, Lis encontró a los más pobres de los pobres. La niña triste, y en silencio, buscó refugio en su papá.

La Benemérita Cruz Roja tiene sus orígenes luego de librarse la batalla de Solferino, al norte de Italia a aquel 24 de Junio de 1859, cuando lucharon franceses e italianos contra los austríacos que ocupaban el país. Este enfrentamiento causó en pocas horas más cuarenta mil (40.000) víctimas entre muertos y heridos. Los servicios sanitarios del ejército eran insuficientes para atender a las víctimas y los heridos morían cubiertos de sangre y de dolor. Esta situación fue presenciada por el ciudadano suizo Dunant, quien con la ayuda de los habitantes de localidades vecinas atendieron a las víctimas sin hacer ningún tipo de discriminación.

En 1862 Dunant escribió un libro llamado: “Mis Recuerdos de Solferino”, que impactó tanto a la sociedad Europea, que no escatimó esfuerzos en la búsqueda de los medios necesarios para proteger a los seres humanos víctimas de los conflictos bélicos y al personal encargado de asistirlos. Su plan era fundar en cada país, en tiempos de paz, sociedades de socorro, capaces de ayudar a los heridos en tiempos de guerra.

Cuatro ciudadanos de Ginebra se unieron a él para realizar tan generosa idea: el General Guillaume-Henry Doufour; el abogado Gustavo Moynier y los doctores Luis Appia y Théodore Maunoir. Así, en Ginebra, el 17 de Febrero de 1863, fundaron el “Comité Internacional de Socorro a los Heridos Militares”, conocido como “Comité de los Cinco”, que más tarde se convertiría en el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Ese mismo año y a raíz de la intensa actividad de este Comité se organizó la primera Conferencia Internacional de Ginebra a la que asistieron diez y seis países. Así, pues, Henry Dunant, fue el pionero de la idea de la Cruz Roja, que hoy reúne a más de 300.000.000 de personas que trabajan unidas en todo el mundo, ayudando a los seres humanos que sufren.

Para el señor Dunant era importante que los heridos recibieran protección, así como las personas que los asistieran en el campo de batalla. De esta idea surgió el Derecho Internacional Humanitario moderno cuya primera expresión es el Convenio de Ginebra de 1864.

¿Y el emblema? Bueno, su emblema es una Cruz Roja sobre un fondo blanco. La cruz Roja se eligió como un tributo a Suiza (invirtiendo los colores de su Bandera Nacional), ya que los fundadores del movimiento eran ciudadanos suizos. Más tarde, la Media Luna Roja, el León Rojo y el Sol Rojo fueron también reconocidos como emblemas válidos, pero sólo el primero de ellos es el que se usa en la actualidad. En caso de enfrentamientos armados, el personal médico, tanto militar como civil, puede utilizar el emblema, pudiendo ser reconocidos por el bando al cual pertenecen. Lo mismo se aplica a los equipos, establecimientos médicos, a los medios de transporte, equipo y material médico. En tales casos es un SIGNO PROTECTOR; las personas y objetos que los ostentan no solamente no deben ser atacados, sino que por el contrario: protegidos y respetados.

Estos bellos pensamientos han sido pronunciados, una y otra vez, pero a pesar de ello, las guerras siguen brotando aquí y allá, y las desigualdades sociales y económicas continúan día con día, se incrementan… lastiman, duelen. Duelen más. Sin embargo, las palabras de Dunant no cayeron en saco roto. Más de cien años después, el día internacional de la Cruz Roja sigue celebrándose con estos mismos principios.

Poco después de finalizar la Primera Guerra Mundial, Checoslovaquia (formada entonces por la República Checa y Eslovaquia) proclamaba, durante la Pascua de 1922, una tregua de tres días con el fin de promover la paz en todo el mundo. Las aspiraciones que llevaron a tomar esta iniciativa dibujaban ya lo que posteriormente se convertiría en el Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. En 1934, durante la XV Conferencia Internacional de la Cruz Roja, celebrada en Tokio, se aprobaron los principios y la intención de esta iniciativa; conocida como la Tregua de la Cruz Roja. Se recomendó su generalización a todas las Sociedades Nacionales. Hubo que esperar hasta 1946, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, para llevar a la práctica la propuesta de Tokio y establecer la celebración de un Día Internacional en la misma fecha para todas las Sociedades Nacionales. Dos años después, en 1948, se eligió el 8 de mayo, aniversario del natalicio de Jean Henry Dunant, como el Día Mundial de la Cruz Roja, mismo que se celebró por vez primera en 1953.

Cada año se selecciona un lema diferente para conmemorar dicho aniversario. Para éste 2016, se eligió “Dona y sigue ayudándonos a salvar vidas”. Este año la colecta llevó por lema “Por favor, no cierres los ojos”…
Actualmente, el Día Mundial de la Cruz Roja, sigue siendo un excelente medio para difundir la acción humanitaria de distintas Sociedades, creando además una conmemoración oficial que recuerda el ideal de solidaridad y ayuda mutua que reúne o debiera reunir a millones de hombres y mujeres que hacen de este apoyo, la más bella de las virtudes. La Cruz Roja quiere reforzar la proximidad hacia las personas vulnerables, acercándose a sus necesidades y ayudándoles desde esa cercanía. Gracias a los más de 100 millones de voluntarios con los que cuentan 186 países, por dar voz a los millones de seres humanos que carecen de ella; los que sobreviven en la desesperación causada por la violencia, la pobreza y la exclusión, pese a los avances sociales, técnicos y científicos de los últimos tiempos.

Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados; los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la clemencia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Me atrevo a decir: Bienaventurados los niños que desde pequeños anidan en su corazón el amor a sus semejantes y a quienes les inculcan ese amor al prójimo. Bienvenida al grupo: querida Lis.

AD: He pasado por el nuevo Hospital de la Cruz Roja en el puerto y he visto su nombre. Orgullosamente ostenta “Solferino”, sé de quién fue esa idea y por ello, me atrevo a decirle: Gracias. Gracias Señor, por todo lo que Usted ha hecho por esa Institución y por nuestro querido Veracruz.
Alicia Dorantes.

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