Daniel Badillo / Gobernar Dialogando

Violencia de género

2017-07-29

No, no voy a defender a Xóchitl Tress de su presunto vínculo con el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa. Creo que al menos mi defensa no la necesita.

Sin embargo, justo es de reconocer que a raíz de la investigación que se sigue contra Duarte y sus secuaces, sobre ella se ha observado un juicio público sumario que ha hecho escarnio de su cercanía sentimental con el ex mandatario. Me sorprende, en verdad, el manejo informativo que en medios de comunicación de la capital del país se ha hecho sobre su persona, luego de que se informara que presuntamente se habría beneficiado con un vehículo y un departamento pagados con recursos públicos.

Veo con azoro sus fotografías en la prensa nacional, mismas que anteriormente habían causado revuelo en Veracruz porque aparece mostrando el torso desnudo. El mote de “viuda alegre” ha vuelto a ocupar los titulares y su imagen, de por sí degradada por el escándalo, ha vuelto a sucumbir ante la vorágine de burlas e improperios.

Si bien existe un delito que perseguir ya que presumiblemente los bienes obtenidos por esta persona proceden del erario público y en consecuencia tendrían que confiscarse, lo cierto es que en la puesta escénica en que ha devenido el proceso contra el peor gobernador que ha tenido Veracruz, el uso de Xóchitl Tress como “trofeo” de guerra, deriva en rudeza y escarnio innecesarios pues una cosa es demostrar su probable participación en las actividades ilícitas llevadas a cabo por Javier Duarte, y otra muy diferente exhibirla como mujer. Los errores cometidos se pagan caros. Es cierto.

Sin embargo, en este caso particular subyace violencia de género hacia Xóchitl Tress, pues es con ella con quien más se han ensañado algunos medios, olvidando –en ­todo caso- que quizás desconocía el origen de los bienes que le fueron obsequiados.

Me atrevo a especular que el manejo mediático sobre ella podría estar siendo manipulado para desviar la atención sobre el tema principal de los desvíos (y desvaríos) de Duarte y sus secuaces, utilizándola como “escudo” para atraer los reflectores por su pasado tormentoso. No obstante, como mujer y madre de familia merece respeto y consideración. Si actuó al margen de la ley que responda por sus actos frente a la autoridad, pero de eso a contribuir en una campaña de linchamiento público por el hecho presumible de que habría tenido una relación sentimental con Duarte, es un exceso. De ser necesario, tanto ella como Karime Macías Tubilla tendrán que rendir cuentas de sus actos en lo que concierne a los asuntos públicos.

Mientras tanto veremos en qué termina esta comedia de enredos en que se ha convertido el caso Duarte. Insisto en lo que dije la semana anterior: siguen quedando muchas dudas sin responder, sobre todo las relacionadas con los recursos que supuestamente fueron recuperados de esta pandilla de ladrones por el Gobierno del Estado, de los cuáles nadie sabe dónde están y a cuánto ascienden.

Igualmente sigue en el aire la pregunta de por qué contra Duarte todo el peso de la ley y contra los diputados federales, locales, empresarios y políticos que formaron parte de su primer círculo de influencia, nadie mueve un dedo.

mariodanielbadillo@hotmail.com

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