Alicia Dorantes / Rincón de la Abuela

Bienvenido Pequeño Federico…

2017-03-05

La violencia callejera, comienza con un golpe en la casa.
Anónimo

Te digo pequeño, por el tamaño que hoy tienes, sólo 52 centímetros: ni uno más, ni uno menos. Te digo pequeño, por las dimensiones de tus manos y tus pies, mas no por el cariño con que se te esperaba y que hoy, incrementado, te protege y rodea. Te digo pequeño, porque eres tan chiquito, que aún ni a nombre llegas. Esto ha sido una gran polémica entre tus hermanos: Chuy, tu hermano mayor, a sus seis años, quiere que te llames como su héroe del momento: Indiana Jones; te diré: realmente tienes suerte, porque de haber nacido seis meses atrás, seguramente hubiera elegido para ti el de Spiderman. Tu hermanita Frieda, sólo tiene cuatro añitos; ella ha elegido un nombre nacido en lo más profundo de su imaginación: Croquetón ¿Qué significa? No lo sé, quizá ella tampoco, pero le gusta y basta… creo que la decisión de tu nombre la tomarán tus papás…

Algo me inquieta, me incomoda: es el mundo al que has llegado. El momento de tu arribo. Dice Ernesto Sábato, en su ensayo Reflexiones a una edad madura que “a medida que nos acercamos a la muerte, también nos inclinamos hacia la tierra. Pero no a la tierra en general sino a aquel pedazo, a aquel tan querido, tan añorado pedazo de tierra en que transcurrió nuestra infancia. Y porque allí dio comienzo el duro aprendizaje, permanece amparado en la memoria. Melancólico recuerdo ese universo remoto, ahora condensado en un rostro, en una humilde plaza, en una calle”.

¡Esta tu abuela hablándote de Ernesto Sábato y tú, Pequeño, sin saber quién es él! Sábato es un escritor, un librepensador gaucho, miento, es universal… Nació en Rojas, Argentina, en 1911. Se doctoró en física en la Universidad de la Plata e inició su carrera como investigador en París, donde fue becado para trabajar en el Laboratorio Curie. Allí entabló amistad con escritores y pintores del momento, en especial con André Breton, quien alentó su vocación literaria.

En 1945 regresó a su natal terruño y comenzó a impartir clases en la Universidad de La Plata. Muy pronto perdió su cátedra a causa de los artículos que escribió en contra de Perón... ¡Caro se paga la libertad de pensamiento y palabra! Aquel mismo año publicó su ensayo Uno y el Universo, en el que se reflejan ya, los rasgos que habrán de su caracterizar su obra literaria: brillantez expositiva, introspección y exaltación retórica.

La obra de Sábato, ha merecido numerosos premios internacionales y traducciones a diferentes lenguas, encontrar sus libros, en ocasiones se dificulta. Años ha… Sábato, casi invidente, se retiró de la vida pública.
En Reflexiones a una edad madura, el escritor continúa añorando los ritos de su niñez con unos Reyes Magos que ya no existen. Cito: “Ahora, hasta en los países tropicales, los reemplazan con esos pobres diablos disfrazados de Santa Claus, con pieles polares, sus barbas largas y blancas, como la nieve de donde simulan que vienen. No, estoy hablando de los Reyes Magos que en mi infancia, en mi pueblo de campo venían misteriosamente cuando ya todos los chiquitos estábamos dormidos, para dejarnos en nuestros zapatos algo muy deseado; también en las familias pobres, en que apenas dejaban un juguete de lata, o unos pocos caramelos, o alguna tijerita de juguete para que una nena pudiera imitar a su madre costurera, cortando vestiditos para una muñeca de trapo”.

“Hoy a esos Reyes Magos les pediría sólo una cosa: que me volvieran a ese tiempo en que creía en ellos; a esa remota infancia, cuando me dormía anhelando su llegada en los milagrosos camellos, capaces de atravesar muros y hasta de pasar por las hendiduras de las puertas —porque así nos explicaba mamá que podían hacerlo—, silenciosos y llenos de amor. Esos seres que ansiábamos ver, tardándonos en dormir, hasta que el invencible sueño de todos los chiquitos podía más que nuestra ansiedad. Sí, querría que me devolvieran aquella espera, aquel candor.

Sé que es mucho pedir, un imposible sueño, la irrecuperable magia de mi niñez con sus navidades y cumpleaños infantiles, el rumor de las chicharras en las siestas de verano. Sí, querría que me devolvieran a esa época cuando los cuentos comenzaban «Había una vez...» y, con la fe absoluta de los niños, uno era inmediatamente elevado a una misteriosa realidad”.

“La tierra de tu niñez quedó atrás sólo podés recordar, con dolor, los años de su esplendor. Polvo cubre tu cuerpo, nadie escucha tu oración, tus sueños no volverán, tu infancia ya terminó. La gravedad de la crisis nos afecta social y económicamente. Y es mucho más: los cielos y la tierra se han enfermado. La naturaleza, ese arquetipo de toda belleza, se trastornó”.

“Nuestro planeta se encuentra en estado desolador, y si no se toman medidas urgentes va en camino de ser inhabitable en poco más de tres o cuatro décadas. El oxígeno disminuye de modo irreversible por el ácido carbónico de autos y fábricas, y por la devastación de los bosques. El hombre necesita de los árboles para vivir. Parecen no saberlo o no importarles a quienes están talando las selvas del Amazonas y las grandes reservas del mundo. Los países desarrollados producen cuatrocientos millones de toneladas por año de residuos tóxicos: arsénico, cianuro, mercurio y derivados del cloro, que desembocan en las aguas de los ríos y los mares, afectando no sólo a los peces, sino también a quienes se alimentan de ellos. Sólo unos pocos gramos de intoxicación son mortales para el ser humano”.

“Corremos el riesgo de consumir vegetales rociados con plaguicidas que dañan al hígado, a los riñones, al sistema nervioso central, a los ojos; producen desórdenes sanguíneos, como la leucemia. Entre esos plaguicidas se encuentra el terrible veneno llamado «agente naranja». Los científicos aún no nos han explicado de qué manera vamos a sobrevivir a la radiactividad expandida por el efecto de los reactores nucleares. Ocho millones de seres humanos todavía sufren las consecuencias de la tragedia atómica de Chernóbil”.

“Durante su visita a la Argentina, conversé largamente sobre estos temas con el presidente de la ex Unión Soviética, Mijail Gorvachoy, ya que los científicos de su país arrojaron los «corazones» de una gran cantidad de reactores al mar Báltico ¿acaso pensaban apagarlos? Entre estos desechos se encuentran productos temibles como el plutonio, siniestra referencia a Plutón, dios griego del infierno. Desconocemos lo que en verdad han hecho, por su parte, los países más desarrollados, pero es alarmante la indiferencia con que han respondido a los reclamos de destacados organismos ecologistas, como Greenpeace.

Parece no contar que estemos al borde de la destrucción física del planeta, tal es el individualismo y la codicia. En tanto los países más desvalidos, como la India, o se proclaman orgullosamente como nueva potencia nuclear, o corren el riesgo de ser vendidos como basureros atómicos. Algo que en reiteradas oportunidades estuvo a punto de sucederle al nuestro”. Fin de la cita.

Ahora bien, Pequeño: ¿Cómo explicar a los ancestros que hemos llevado la vida a tal extremo que muchos jóvenes se suicidan, o se dejan morir porque no comen o vomitan lo que comen, mientras que un niño muere de hambre, cada cinco segundos en alguna parte de la Tierra ¿Cómo explicarles la expansión de la drogadicción, que genera violencia? Violencia y más violencia, signo de desprecio por la vida… ¿Sabes Pequeño Federico que el día en que tú naciste, “ejecutaron a 27 personas” en algún rincón de México? ¿Sabes Pequeño, cuáles son “los diamantes de sangre”? ¿Sabes que ese día, el dictador de Zimbabue Robert Mugabe se apoderó de los yacimientos de diamantes del país de forma brutal, y está utilizando los beneficios derivados de esas ventas para financiar una cruel milicia política? ¿Sabes acaso que ese día descubrieron que en un hospital de la ciudad de México, operaba una red de médicos y enfermeras quienes mintiendo a las madres, vendían por $15,000, a sus recién nacidos como tú?

No, tú no sabes nada y eso es lo mejor… disfruta mientras el amor de mamá, los juegos de tus hermanos, la protección de tu padre y el cariño familiar. Disfruta tu cuna mullida y tibia, tu alimento de dioses: la leche materna y roguemos a los viejos Reyes Magos de Sábato, que nos permitan retroceder en el tiempo… para que escuches aún el canto de grillos y cigarras y veas las mariposas volar; para que conozcas el sol y la luna y mires cintilar a las estrellas en el cielo; para que un día la lluvia te bese y juegues con ella…

Sí, Pequeño, ojalá el mundo nos perdone las agresiones que hemos cometido contra él, sus bosques, selvas, ríos, mares, cielos… contra los indefensos animales que en ellos moran; peor aún: contra nuestros hermanos, los hombres… para que los niños como tú, sin importar el color de su piel, ni su credo religioso vivan libres y felices en el maravilloso planeta que nos heredaron los mayores y que día a día, nosotros los adultos, echamos a perder:
¡Bienvenido al mundo, Pequeñito querido!
Alicia Dorantes
10-XI-09

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