Alicia Dorantes / Rincón de la Abuela

Mario y los muchachos de “camisas verdes” Parte I

2017-02-19

Datos breves de una gran historia


“Muchas veces basta una palabra, una mirada, para llenar el corazón de un niño”.
Madre Teresa de Calcuta.

Les contaré una historia, no es nueva, no, pero sí conmovedora al menos a mi juicio. El 15 de junio de 1982, la señora María de Guadalupe Alejandre fundó legalmente la Asociación Mexicana de Ayuda para Niños con Cáncer (AMANC), siendo la institución pionera en México en apoyar a niños y adolescentes mexicanos que sufren tan terrible enfermedad. Niños que viven en pobreza, muchas veces extrema, y que carecen de Seguridad Social.

¿Qué motivó a la señora Alejandre fundar esta Institución? Que a Pablo, su hijo pequeño, se le diagnosticó leucemia aguda; desafortunadamente, el niño falleció. En diversas entrevistas, la señora Alejandre relata que, al inicio de la enfermedad de su hijo, ella compartía los medicamentos oncológicos, que por entonces se importaban, con otros pacientitos de escasos recursos.

Poco a poco, solicitó a los padres de niños con cáncer, que tenían buen nivel económico, que hicieran lo mismo, empezando de esa manera el incipiente banco de medicamentos de AMANC.

En 1991, se inauguró el primer Albergue de AMANC. En él ya pudo darse formalmente el apoyo integral a los menores y a sus familiares acompañantes, hospedándolos y brindándoles todos los servicios básicos como alimentación, transportación a los hospitales, apoyo psicológico y demás servicios que integran este programa.

En 1995, adquirió el inmueble en el que se encuentra el CENTRO AMANC, gracias al apoyo económico de la secretaría de Hacienda. En ese mismo año AMANC comenzó su programa de descentralización, cuyo principal objetivo es que los pacientes con cáncer y carentes de recursos económicos sean apoyados en sus propias entidades mediante la constitución de Asociaciones Civiles, de funcionamiento autónomo, pero con los lineamientos y el espíritu de AMANC.

Desde 1999 se trabaja en el SISTEMA AMANC a través del programa de descentralización, cuyo objetivo es la creación de asociaciones autónomas y autosuficientes las cuales trabajan con los lineamientos y el espíritu de AMANC, para:
• Replicar el PROGRAMA DE APOYO INTEGRAL en cada estado.
• Apoyar a los niños con cáncer con recursos económicos generados en sus propias entidades.
• Apoyar a los oncólogos pediatras que ejercen en diversos estados del país.
• Crear conciencia social en el sentido de que el niño con cáncer existe en su localidad y que debe recibir apoyo lo más cercano a su propia comunidad evitando los traslados a los hospitales de la Ciudad de México, para su tratamiento, traslados que rompen la unidad familiar. Abatir la tasa de abandono del tratamiento.
• Actualmente, con el programa de descentralización se han constituido asociaciones autónomas en veinte estados de la República, además del Distrito Federal, las cuales operan con el nombre, lineamientos y espíritu de AMANC: Aguascalientes Campeche, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Guerrero, Guanajuato, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán, Zacatecas. Esto y más... es AMANC.

Una historia tiene detrás de ella otra u otras muchas historias. Esta tal vez comience cuando la señora Angelita de Marín, voluntaria de AMANC en México, conoce a una persona que trabaja en TAMSA, en la ciudad de México. En el mes de noviembre de 2004 se invitó a un desayuno en el hotel Emporio, en el que platicaron la misión y visión de AMANC. En ese desayuno, cuando solicitaron voluntarias para integrar AMANC Veracruz, varias señoras ahí presentes levantaron la mano. Fue así como inician las labores de este grupo en el Estado: el primer AMANC de la república que se constituyó sin haber vivido –afortunadamente- un caso semejante en la vida de las integrantes.

Ese día, además, la señora Guadalupe Alejandre les informó que acababa de llegar un médico pediatra oncólogo a Veracruz. A través del entonces Director del Hospital General, le solicitaron que hubiera un espacio para los niños con cáncer con las especificaciones de AMANC México, como la campana para la preparación de los medicamentos de quimioterapia, un refrigerador en el área ambulatoria etc.

Así empezaron esas buenas mujeres a dar los primeros pasos. Más tarde dijeron: “Hemos atendido a los niños con análisis, medicamentos, pasajes, gastos funerarios. En el año 2008 iniciaron un taller de dibujo, cuentos, visitas al acuario de Veracruz, visitas de los jugadores del equipo de básquet al área hospitalaria, etc. Ganaron el primer lugar de pintura en el calendario que cada año hace AMANC MEXICO. El compromiso de AMANC es: “que todo paciente menor de 20 años reciba apoyo integral, inclusive elementos educativos y de salud familiar durante el tiempo que se requiera, incluso durante las recaídas hasta alcanzar su recuperación y ser agentes de cambio social en su comunidad”.

El tiempo se deslizó sin sentirlo: pero la dotación de medicamentos a las pequeñas víctimas del cáncer, fue menguando, menguando… hasta llegar casi a su inexistencia. Decía la Madre Teresa de Calcuta: Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios. Sheila Ricalde, una de las Presidentas de AMANC, relata: «Mi reto más grande fue enfrentar la muerte de mi madre; murió de cáncer. Estuve con ella, cuidándola el último mes de su vida. Dedicada exclusivamente a ella, cuando se fue, sin llorar cerré sus ojos, porque sabía que mi madre estaba ya en otro lugar. En el diario vivir, aprendí que la vida sigue y que las ausencias se convierten en fortalezas; que el ejemplo habla más que las palabras, por lo que mi corazón siempre buscaba algo más, un significado y un propósito, más allá de lo que ven nuestros ojos y de lo que tenemos enfrente.

Cuando comencé a asistir al Hospital General, continúa Sheila, mi corazón ya estaba anclado a ellos. A los niños y más al ver sus necesidades. Conocí a niños que ya se fueron, pero que tuve el privilegio de estar con ellos: Felipe de Jesús, Mariana, Érica, Oscar, Matilde, Octavio, Hernán Cortés, entre muchos más que coincidimos entre sonrisas y quimioterapias, entre punciones y análisis, entre batallas perdidas y guerras ganadas contra la enfermedad. AMANC ha significado más que una asociación para mi, y quizá para muchas de las personas que estamos actualmente dedicando nuestro tiempo y esfuerzo por ayudar, como Lulú, Iris, Mariana, Cristina, Vicky, Lucero, Mica y un gran grupo de personas que viven de cerca la batalla contra la enfermedad. A través de mi servicio con AMANC Veracruz, he aprendido a ver la vida con otros ojos. A ver con los ojos abiertos, a vivir intensamente cada momento».

Los niños del hospital General de Veracruz, no son diferentes de los nuestros: todos estamos a las puertas de la muerte, luchando todos los días con la vida y somos igual de vulnerables de morir, algunos inclusive se quejan aun cuando no los están inyectando. Es más, muchos han muerto en vida y no se dan cuenta. La diferencia con los niños del hospital es que ellos nos han ganado el camino, nos han rebasado en amor, valor y sabiduría. Nos enseñan lo que significa estar vivos... y, quizá por eso, se van antes, porque su misión ya ha sido cumplida.

Nuevamente cito a la madre Teresa de Calcuta: «Voy a pasar por la vida una sola vez, cualquier cosa buena que yo pueda hacer o alguna amabilidad que pueda hacer a algún humano, debo hacerlo ahora, porque no pasaré de nuevo por ahí»
Continuará:
Alicia Dorantes

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