Alicia Dorantes / Rincón de la Abuela

La amenaza de los disruptores endócrinos*

2017-01-15

Dedicado a Toñito y a los niños que como él, han sido víctimas de la leucemia: su delito: vivir cerca de los cañaverales, respirar los abonos químicos y los insecticidas sintéticos que reciben dichos cultivos.

En páginas anteriores mencioné, que “Nuestro futuro robado”, es un interesante libro escrito por Theo Colborn, Dianne Dumanoski y Pete Myers. Reunió por primera vez las alarmantes evidencias obtenidas en estudios de campo, experimentos de laboratorio y estadísticas humanas, para plantear en términos científicos, pero accesibles para todos, el caso de este nuevo peligro. En 1962 el libro de Rachel Carson “Primavera silenciosa” dio el primer grito de alerta de que ciertos productos químicos artificiales se habían difundido por todo el planeta, contaminando prácticamente a todos los seres vivos hasta en las tierras vírgenes más remotas. Aquel libro, que marcó un hito, presentó pruebas del impacto que dichas sustancias sintéticas tenían sobre las aves y demás fauna silvestre. Pero hasta entonces no se habían advertido las consecuencias de esta malévola invasión, que está trastornando el desarrollo sexual y la reproducción, no sólo de numerosas poblaciones animales, sino también de los seres humanos.

“Nuestro futuro robado”, comienza allí donde termina “Primavera silenciosa”, revelando las causas primeras de los síntomas que tanto alarmaron a la Dra. Carson.

Basándose en décadas de investigación, los autores presentaron un impresionante informe que sigue la pista de defectos congénitos, anomalías sexuales y fallos de reproducción en poblaciones silvestres, hasta su origen: sustancias químicas que suplantan a las hormonas naturales, trastornando los procesos normales de reproducción y desarrollo.

Los autores de “Nuestro futuro robado” repasan la investigación científica que relaciona estos problemas con los “disruptores endocrinos”, estafadores químicos que dificultan la reproducción de los adultos y amenazan con graves peligros a sus descendientes en fase de desarrollo. Explican cómo estos contaminantes han llegado a convertirse en parte integrante de nuestra economía industrial, difundiéndose con asombrosa facilidad por toda la biosfera, desde el Ecuador a los polos. Y estudian lo que podemos y debemos hacer para combatir este omnipresente peligro. “Nuestro futuro robado”, como bien señala Al Gore, quien eran el vicepresidente de EE UU y quien escribió el prólogo, es un libro de importancia trascendental, que nos obliga a plantearnos nuevas preguntas acerca de las sustancias químicas sintéticas que hemos esparcido por toda la Tierra.

¿Cómo me enteré de los Disruptores endócrinos? Fue gracias a una magnífica conferencia que dio el Dr. Manuel Pombo, originario y residente en la bella ciudad de Santiago de Compostela… me recomendó leer ambos libros: “Primavera silenciosa” y “Nuestro futuro Robado. Sí, la recomendación estaba hecha sólo que conseguir ambos libros fue toda una odisea. Fue gracias a mi amigo el sacerdote y catedrático emérito de la universidad de Bilbao, quien pudo conseguirme una copia del segundo libro. Mismo que nos atrapa desde la lectura de prólogo escrito por el entonces Vice-presidente de los EUA Al Gore, quien al tiempo después se hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz.

Comencemos por conocer a los Disruptores endocrinos. Se trata de un gran número de sustancias químicas artificiales que se han vertido al medio ambiente, y que tienen potencial para perturbar el sistema endocrino de los animales, incluidos los seres humanos. Entre ellas se encuentran las sustancias persistentes, bioacumulativas y organohalógenas que incluyen algunos plaguicidas (fungicidas, herbicidas e insecticidas) y las sustancias químicas industriales, otros productos sintéticos y algunos metales pesados.

Muchas poblaciones animales habían sido afectadas ya por estas sustancias. Entre las repercusiones figuraban la disfunción tiroidea en aves y peces; la disminución de la fertilidad en aves, peces, crustáceos y mamíferos; la disminución del éxito de la incubación en aves, peces y tortugas; graves deformidades de nacimiento en aves, peces y tortugas; anormalidades metabólicas en aves, peces y mamíferos; anormalidades de comportamiento en aves; demasculinización y feminización de peces, aves y mamíferos machos; y peligro para los sistemas inmunitarios en aves y mamíferos. Los disruptores endocrinos interfieren en el funcionamiento del sistema hormonal mediante alguno de estos tres mecanismos: suplantando a las hormonas naturales, bloqueando su acción o aumentando o disminuyendo sus niveles. Las sustancias químicas disruptoras endocrinas no son venenos clásicos ni carcinógenos típicos. Se atienen a reglas diferentes. Algunas sustancias químicas hormonalmente activas parecen plantear riesgos de cáncer.

En los niveles que se encuentran normalmente en el entorno, las sustancias químicas disruptoras hormonales no matan células ni atacan el ADN. Su objetivo son las hormonas, los mensajeros químicos que se mueven constantemente dentro de la red de comunicaciones del cuerpo. Las sustancias químicas sintéticas hormonalmente activas son delincuentes de la autopista de la información biológica ya que sabotean comunicaciones vitales. Atracan a los mensajeros o los suplantan.

Cambian de lugar las señales. Revuelven los mensajes. Siembran desinformación. Causan toda clase de estragos. Dado que los mensajes hormonales organizan muchos aspectos decisivos del desarrollo, desde la diferenciación sexual hasta la organización del cerebro, las sustancias químicas disruptoras hormonales representan un especial peligro antes del nacimiento y en las primeras etapas de la vida. Los disruptores endocrinos pueden poner en peligro la supervivencia de especies enteras, quizá a largo plazo incluso la especie humana. Las pautas de los efectos de los disruptores endocrinos varían de una especie a otra y de una sustancia a otra. Sin embargo, pueden formularse cuatro enunciados generales:
* Las sustancias químicas que preocupan pueden tener efectos totalmente distintos sobre el embrión, el feto o el organismo perinatal que sobre el adulto;
** Los efectos se manifiestan con mayor frecuencia en las crías, que no en el progenitor expuesto;
*** El momento de la exposición en el organismo en desarrollo es decisivo para determinar su carácter y su potencial futuro;
****La posición crítica tiene lugar durante el desarrollo embrionario, las manifestaciones obvias pueden no producirse hasta la madurez.

*****La especie humana carece de experiencia evolutiva con estos compuestos sintéticos. Estos imitadores artificiales de los estrógenos difieren en aspectos fundamentales de los estrógenos vegetales. Nuestro organismo es capaz de descomponer y excretar los imitadores naturales de los estrógenos, pero muchos de los compuestos artificiales resisten los procesos normales de descomposición y se acumulan en el cuerpo, sometiendo a humanos y animales a una exposición de bajo nivel pero de larga duración. Esta pauta de exposición crónica a sustancias hormonales no tiene precedentes en nuestra historia evolutiva, y para adaptarse a este nuevo peligro harían falta milenios, no décadas. La industria química prefiere pensar que, puesto que ya existen en la naturaleza tantos estrógenos naturales, como la soja, no hay por qué preocuparse por los compuestos químicos sintéticos que interfieren con las hormonas. Sin embargo, es importante tener en cuenta las diferencias que existen entre los impostores hormonales naturales y los sintéticos. Los imitadores hormonales artificiales suponen un peligro mayor que los compuestos naturales, porque pueden persistir en el cuerpo durante años, mientras que los estrógenos vegetales se pueden eliminar en un día.
Continuará

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