Raúl López Gómez / Cosmovisión

Juan Pablo I: la sonrisa de Dios

2016-07-11

Albino Luciani, Juan Pablo I, nombrado como el Papa de la Sonrisa o la Sonrisa de Dios, en su breve papado de 33 días por una supuesta misteriosa muerte temprana, cuando desde niño tuvo serios padecimientos de salud desde su nacimiento, fue el parteaguas de una nueva época de la iglesia católica universal al dar un mensaje profundamente cristiano de humildad, apegado siempre a los evangelios y a su tarea de apóstol como un verdadero párroco que tanto disfrutó al nunca buscar nada más que el servicio a los demás.

El padre Luciani, desde niño vivió momentos precarios desde la pobreza de su familia en el hogar, con sus severos problemas de salud y luego con una nueva oportunidad al casi caer a una cañada y al pedirle a Jesús de ayuda, logró superar el momento de peligro.
Desde ese momento siendo un niño, Albino está convencido de que se dedicaría al sacerdocio a pesar de la negativa de su padre, un artesano que emigró a trabajar en Suiza y ligado a los movimientos socialistas, quién autorizó a su hijo a entrar al seminario siempre y cuando procurara seguir el ejemplo cristiano de Jesús a favor de los pobres.

Con verdaderos momentos de peligro, antes con una elevada fiebre, su madre fue a buscar al médico y no estaba en plena segunda guerra mundial en Italia, cuando su madre, oyó que tocaron a la puerta y era un médico que milagrosamente se presentó en el hogar para preguntar si había algún lesionado por la guerra, la mamá del niño enfermo –Albino le pidió ayuda para que atendiera a su hijo, y este le dio inmediatamente una medicina que lo libro de la muerte.

Estando en el seminario, destacó como un estudiante de excelencia y fue ordenado sacerdote y posteriormente enviado a apoyar a una parroquia pobre de la diócesis de Venecia en donde el patriarca en ese entonces era don Angelo Roncally, quien después fue Papa tomando el nombre de Juan XVIII.

Don Angelo Roncally, en una ocasión llegó de visita a la parroquia en donde el joven sacerdote Albino Luciani, lo recibió con su característica sencillez y su humilde sonrisa.

Roncally, aquel día le comentó que después de ver toda su obra de ayuda a los niños pobres, que hacía, y le comentó que daba misa a las cinco de la tarde a dos viejecitas que nunca faltaban, El patriarca de Venecia, le pidió acompañarlo y cúal sería el milagro que la capilla estaba llena de fieles, lo que fue de mucha alegría para los dos sacerdotes.

Con la fama de un sacerdote ordenado y muy dedicado al estudio, Albino Luciani, fue nombrado por el rector del seminario a que se dedicará a la tarea de maestro. En donde recibió su promoción como secretario del monseñor de su Diócesis.

Reconocido como un gran organizador y un excelente maestro con los jóvenes fue enviado por su obispo a la Universidad Gregoriana.

Siempre con un lenguaje cristiano claro y directo, hablaba a los jóvenes con mucha precisión y eso le motivó verse bien ante sus superiores.

El padre Albino Luciani, después fue nombrado obispo de la Diócesis de Victorio Benetton personalmente recibió la noticia de su nombramiento por el Papa Juan XVIII, el “Papa Bueno”, a quien por cierto decían que por su edad fue considerado un Papa de transición que dejó profunda huella en el joven sacerdote que pedía siempre que no lo quitaran de su trabajo de párroco.

El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció el 25 de enero de 1959. Fue uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX.

Siendo ya el pontificado del Papa Paulo VI, impulsó la encíclica humana et vite el obispo Albino Luciani, fue nombrado Cardenal y patriarca de Venecia.

En una de sus visitas a Portugal como Patriarca de Venecia, recibió el mensaje de su secretario de que lo buscaba una monja que era uno de los pastorcitos a los que se les había aparecido la Virgen en Fátima. La hermana Lucía, estaba orando y le saluda diciendo: Santo Padre, le responde Yo soy el obispo de Venecia, y le adelanta muchos aspectos de su vida con gran visión: veo a un obispo vestido de blanco que será en un tiempo el que guie a la santa romana iglesia.

En su primer conclave a la muerte de Paulo VI, como llegó con la fuerza de su gran trabajo de conciliador, lleno de humildad y de después de varias votaciones fue nombrado Papa y en donde en ese conclave apareció también en las votaciones el cardenal polca Karol Wojtyla “Juan Pablo II”, a quien le sucedió a su muerte, 33 días después de haber asumido su papado y que su muerte se dio por un infarto, ante sus problemas de salud de toda su vida.

Juan Pablo I, organizó un encuentro mundial de obispos antes de su muerte en donde en su mensaje, dejó su ejemplo de humildad cristiana como un cimiento fundamental de una época para la iglesia universal.

A su muerte su labor evangelizadora y reformadora de la Iglesia Universal no ha quedado en el olvido y ya desde el interior de la iglesia se ha pedido al Papa Francisco, la beatificación y canonización de Juan pablo I, mejor conocido como el Papa de la Sonrisa o la Sonrisa de Dios, es un milagro que se puede dar en el pontificado del Papa Francisco, El Papa de los Pobres. Ayudemos a no olvidar al Santo Padre Juan Pablo I, Albino Luciani. Así sea. Así las cosas.

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