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La Ortografía en el siglo XIX

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Juana Santos Medel / Veracruz
2017-09-05 16:49:43

El historiador Horacio Guadarrama comenta en su artículo “Ildefonso Estrada y Zenea: un intelectual cubano en el puerto de Veracruz, 1871-1872”, que uno de los cubanos llegados al puerto más fascinantes lo fue: “el multifacético y emprendedor Ildefonso Estrada y Zenea, pedagogo, periodista, editor, orador, dramaturgo, impresor e historiador, quien, a pesar de haber estado allí solo un par de años (1871-1872), dejó honda huella por habernos legado, entre otras cosas, El Periquito, primer periódico infantil veracruzano y quizá del país.“

El Periquito, periódico que seguramente leyeron algunos niños porteños, tiene varios elementos que indican que era escrito si bien por un adulto era dirigido a los niños, de hecho el subtítulo era periódico de los niños, cuya lectura puede ser útil a muchos que ya han dejado de serlo.

De este periódico transcribiremos algunos artículos que fueron y siguen siendo de vital importancia en la educación. En el Periquito se publicaron una variedad de temas que tienen que ver con la ortografía, personajes, naturaleza, elementos cotidianos, descubrimientos y las famosas charadas, entre otros.

El primer texto que abordaremos es el de la ortografía, elemento importante ayer y hoy, mismo que causa serios dolores de cabeza y que sigue siendo uno de los principales problemas dentro de la enseñanza.

Antes de iniciar con la transcripción comentamos que se respetó la ortografía del texto.

“Ortografía. Esta palabra, compuesta de dos voces griegas ortos, recto y grafo escribir, significa el arte que enseña a escribir con la debida rectitud y propiedad las palabras de un idioma.

La práctica en la lectura, el trato con las gentes que hablan bien y el estudio de las reglas que determinan las letras con que han de escribirse todas las voces, son las que pueden ponernos en posesión de este arte necesario, sobre todo a los que se dedican a las letras y en quienes desde luego serían imperdonables estas faltas, no obstante que hemos visto muchos autores de nombradía que ocupados de la frase se han olvidado de su escritura.

Nada es más desfavorable a la opinión de un hombre de letras, que esas faltas que tan en contradicción se hallan con la ilustración de los que las cometen.

La buena lectura contribuye poderosamente a la buena ortografía, pues es innegable que quien lee bien ha de escribir bien, así como el que lee mal tiene que escribir peor.

Para leer bien, aparte de la conveniencia y de la necesidad de modular y de pronunciar clara y distintamente los sonidos, es indispensable atender a los signos de que se vale la ortografía para que la lectura tenga el tono propio y conveniente que corresponde a cada cláusula o periodo. De este modo, hay que enseñar a los niños a que lo hagan, es decir, obligándoles a leer cada párrafo de por sí, a fin de evitar que se atropellen por querer leer de carretilla, adoptando ese tonillo o canturía, que por lo general se advierte aún en aquellos que se tienen por buenos lectores.

Párrafo a párrafo, palabra por palabra y hasta tanto que no se hayan penetrado del tono que conviene a la dicción es como conviene hacerlos leer, sin permitirles que pasen adelante hasta que no hayan leído lo escrito, como debe leerse.

El uso de la coma que es la aspiración más corta; el del punto y coma en que parece que debe detenerse el lector y se detiene siguiendo incontinente la frase: el de los dos puntos, que indica la necesidad de prestar toda atención a lo que sigue; el punto final en que el lector hace alto para tomar reposo.

La interjección para preguntar. La admiración para anunciar sorpresa. Los puntos suspensivos para indicar la reticencia o suspensión del pensamiento.

El paréntesis en que ha de mudarse de tono para indicar que se trata de una oración intercalada: todo esto constituye la parte eufónica o relativa a las reglas para el sonido, así como hay otras que son referentes solo a la escritura y que tratan de las letras con que han de escribirse las palabras.

A unas y otras deben los niños consagrar su estudio, pues de ellas depende solo el arte de escribir y de pronunciar las palabras con la debida exactitud y claridad.

El Periquito. 4ª. Época. Veracruz, domingo 24 d septiembre de 1871, número 6
Transcripción. Juana del Carmen Santos Medel





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