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Puerto rico

En la opinión de Quillo, César Luna Herrera

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Puerto Rico: Puerto Rico / Agencias
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César Luna Herrera / Puerto Rico
2017-08-08 16:14:59

Cada vez me convenzo más de la suerte que tuve al haber nacido en esta época de tantos adelantos tecnológicos.

Gracias a la magia de los medios electrónicos, me he reencontrado con grandes amigos que ya consideraba perdidos en el tiempo porque la rutina diaria me había absorbido, la falta de tiempo y mil pretextos más que argumentaba para posponer el ponerme en contacto con ellos.

Pero una de aquellas amistades, una amiga bella tanto en lo físico como en lo espiritual, me encontró por medio del Facebook. Yo veía los mensajes pero en esta época en la que hay que desconfiar de todo, no le contestaba; hasta que en una ocasión me puso “desde la isla del encanto”, me animé a abrir la nota y que sorpresa tan agradable.

En ella me explicaba las miles de veces que había intentado encontrarme sin éxito. Platicamos (en forma escrita) un muy buen rato y después venciendo los obstáculos para hacer llamadas internacionales pudimos hablar todos: su esposo (José Antonio) y ella (se llama Sol).

Los recuerdos se nos agolpaban en la mente y en la plática los tres queríamos hablar al mismo tiempo con el aquello de ¿Te acuerdas de …? A estos amigos les conté que colaboro para el periódico y hace algunos años escribí una columna en la que mencionaba mi relación con todos ellos.

Busqué la columna entre mis archivos, la encontré y quiero compartirla una vez más, la columna se titula “El jibarito”, fue publicada el 8 de junio del 2003, y dice:

“Cuándo viví en Estados Unidos, conocí muchas personas de Puerto Rico, la isla del ensueño, casi todas eran mujeres que al igual que todos se encontraban haciendo estudios de maestría. Recuerdo que una noche, comiendo en una cafetería, un amigo gringo me dijo “aquellas mujeres que están allá hablan como tú”, él se refería al idioma español.

Me acerqué a ellas y nos hicimos grandes amigos, me decían que yo hablaba como Pedro Infante, sin embargo, para mí eran ellas quienes hablaban en una forma chistosa, me gustaba que cada vez que se sorprendían por algo gritaban “¡Bendito!”, me invitaron a muchas reuniones, aprendí a bailar un ritmo llamado merengue, así como una cantidad innumerable de palabras que ellas usaban al hablar español.

Por ejemplo, una vez les llevé de regalo unos aretes de plata, que al verlos dijeron “mira que bonitas pantallitas” yo rápidamente corregí en tono serio “no son pantallas, es plata de verdad” ya después cuando aclaramos que pantallitas significaba aretes para ellas, nos reímos un buen rato.

Una noche de viernes decidimos ir a un bar muy elegante que se encontraba en el centro de la ciudad de Knoxville (era donde estábamos estudiando), en el lugar había muy poca gente, y los pocos que se encontraban estaban muy callados como aburridos, al ver el piano les dije “yo sé tocar el piano” a lo que todas contestaron “ya estás borracho”, yo aseguré que no estaba pasado de copas y que sabía tocar el instrumento, les propuse “voy a tocar, si no puedo tocar yo pago la cuenta de todos, pero, si sí puedo tocar, ustedes me invitan una copa por lo menos”.

Aceptaron el reto pensando que no iba yo a poder tocar, una de ellas me acompañó al instrumento después de haber pedido permiso para tocarlo, desde la primera melodía interpreté canciones de Rafael Hernández el Jibarito, tales como: “En mi viejo San Juan”, “Preciosa”, etc.

Cuando terminé había cinco copas en línea para mí. Ni que decir que lloraron casi a gritos por la nostalgia que mis interpretaciones les habían traído, dijeron que había sido su mejor noche en mucho tiempo, fue un éxito total. A la semana siguientes me llamaron por teléfono para decirme “oye mexicano no quieres ir a tocar el piano al bar del otro día”, en broma les contesté “para qué, si luego se ponen a chillar” a lo que en coro dijeron “pues eso queremos, chillar un rato como tú dices”.

Este artículo lo firmé como Quillo la noche del domingo 20 de abril de 2003.

Con todo cariño para mis inolvidables amigos de la isla del ensueño.

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