Veracruz, rumbo a los 500 años

Historia de los insurgentes veracruzanos

Jóvenes que lucharon a favor de la Independencia Fueron fusilados a un costado del Baluarte de Santiago.

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Veracruz: Acuarela de Sergio Camacho. ‘El fusilamiento de los insurgentes veracruzanos’. / Cortesía
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Cortesía / Veracruz
2017-08-01 11:00:49

El 29 de julio del presente año se cumplieron doscientos cinco años, dos siglos de que fueran fusilados a espaldas del Baluarte de Santiago seis jóvenes que conformaron una conspiración por la Independencia de nuestro país en la ciudad de Veracruz, en una época en la que esta ciudad era leal a la corona española, jóvenes que lucharon contra la más fuerte corriente que al final cobró sus vidas.
En 1808, don Ignacio Allende visitaba con regularidad la ciudad de Veracruz con motivos comerciales, a su vez que aprovechaba para ganar adeptos, llegaba al negocio de don Manuel Serapio Calvo, el cual tenía como dependiente a un joven de 17 años de edad de nombre Antonio Merino.
Este logró escuchar parte del complot para libertar nuestro país del yugo español, por lo que le cuestionó a su jefe de lo que se había enterado, éste por miedo al principio, no quiso decirle nada, pero posteriormente ganándose su confianza logró contarle todo.

Conspiración

Antonio Merino le confió a sus amigos más allegados, Cayetano Pérez y José Evaristo Molina que trabajaban en la Aduana de Veracruz, éstos a su vez, a otros más como José Prudencio Silva, José Ignacio Murillo, Bartolomé Flores, José Nicasio Arizmendi, quienes sesionaban en una cabañita que se encontraba atrás de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, ahí juraron ante un crucifijo, jamás revelar la conspiración, aunque fueran encarcelados, que preferían morir antes que delatar.
Habían tramado el plan de seducir y convencer a soldados realistas sobre la Independencia, y con ello tomar la Fortaleza de San Juan de Ulúa, así como el Baluarte y toda la ciudad.
Con ello, para 1810, estos siete jóvenes lograron reunir a más de 16 personas en la conspiración. Sin embargo, para esas épocas llegaron casi tres mil soldados realistas; 1,300 de ellos, españoles para resguardar Veracruz, ya que el cura Hidalgo había dado ya el grito que inició la guerra de Independencia. Con la presencia de tantos soldados realistas cundió el miedo y los soldados Matías Sandoval y Narciso García revelaron los nombres de los siete cabecillas de este movimiento.
Antonio Merino avisó a sus seis compañeros, que la conspiración había sido descubierta, que debían escapar cuanto antes. Sin embargo, los demás dijeron que no, que se quedarían en la ciudad y afrontarían las consecuencias.

La huída

Merino logró escapar saltando la muralla, en la oscuridad de la noche, pues ya las puertas habían sido cerradas, se fue caminando hasta la población de Santa Rita, donde se escondió con un amigo carbonero.
Mientras que los otros seis fueron apresados y llevados a las mazmorras de San Juan de Ulúa, donde durante seis meses fueron severamente torturados, presionados para que declararan los detalles de la conjura y el nombre de los demás integrantes.
Fueron revisadas las casas de todos ellos, amenazaron a sus familiares, y pese a las torturas, ninguno de ellos delató absolutamente nada. Ante esto, se decidió entonces pasar a los seis jóvenes a la pena de muerte.

Fusilamiento

El 29 de julio de 1812, a las cinco de la tarde fueron conducidos a extramuros a la parte posterior del Baluarte de Santiago. Todos los baluartes estaban atestados de soldados realistas en espera de una rebelión.
Las puertas de la ciudad cerradas y una enorme tensión reinaba en Veracruz. Los seis mártires de la independencia fueron fusilados; aún cuando el indulto ya se les había concedido por parte del Virrey Francisco Javier Venegas.
El jinete que lo traía, el señor Ciriaco Llanos fue detenido en Santa Fe para que no llegara a tiempo con el pergamino del perdón a Veracruz.
Estos seis jóvenes veracruzanos entregaban su vida, su corta vida para el triunfo de la libertad. La independencia de México que hoy en día gozamos todos.
Sus cuerpos fueron a entregados a los franciscanos y fueron enterrados en el panteón general que se encontraba donde hoy está el Barrio de la Huaca.

Reconocimiento
De sus restos no se sabe nada, por ello en 1910, el gobernador de Veracruz, el porfirista Teodoro A. Dehesa mandó a colocar una placa en un costado de las paredes del mencionado fortín para recordarlos.
El Malecón de Veracruz en su continuación de la calle de Mario Molina lleva el nombre de Insurgentes Veracruzanos.
Antonio Merino regresó a la ciudad de Veracruz disfrazado de carbonero, sus padres lograron embarcarlo rumbo a la Habana; sin embargo, fue reconocido por un trabajador de la aduana de Veracruz y se envió un barco a capturarlo.
En la Habana, Cuba fue apresado y llevado a España, donde fue forzado a unirse al ejército español. Años más tarde regresó a esta ciudad, donde falleció siendo un anciano.
Vida eterna en nuestra memoria.... y gloria perpetua para Los Insurgentes Veracruzanos.
El 29 de julio del 2017, la Sociedad Cultural Baluarte colocó una ofrenda floral y montó Guardia de Honor, en el lugar donde se encuentra dicha placa que recuerda este acontecimiento.

RECUADRO
Calles de Veracruz llevan sus nombres, pero están cambiados:

Nombre correcto: Nombre actual:
José Prudencio Silva J. P. Silva
Bartolomé Flores J. B. Flores
José Nicasio Arismendi Arismendi
José Ignacio Murillo Murillo
Cayetano Pérez Carmen Pérez
José Evaristo Molina J. F. Molina

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