Veracruz, rumbo a los 500 años

Violenta revuelta ciudadana

Las víctimas del 5 y 6 de Julio, cuando la madrugada se cubrió de tragedia.

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Veracruz: Familias enteras defendieron su derecho a una renta justa. / Redacción
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Héctor Noguera Trujillo / Veracruz
2017-07-25 16:38:19

Solemos caminar por las calles de nuestra ciudad, utilizando como referencia los nombres de las calles; sin embargo, pocas veces reparamos en el significado de esos pequeños letreros colocados en las esquinas.

Claro, hay calles o avenidas -como Benito Juárez- que no se prestan a duda. Pero ¿qué pasa cuando nos encontramos con “Víctimas del 5 y de julio” ¿Sabemos el por qué de tal nombre?. Lo más seguro es que 9 de cada 10 ciudadanos ignoren la trascendencia del trágico hecho sucedido en tales fechas.

El inicio

En el año post-revolucionario de 1922, en la ciudad y puerto de Veracruz se presentó un doble fenómeno social: según los pobladores de bajos ingresos, el costo de las rentas de las viviendas era alto y se acusaba a los comerciantes locales de tener precios elevados en sus mercancías.

Como era lógico, los primeros en protestar fueron los habitantes de los patios de vecindad, los llamados “descamisados”, campesinos, obreros, pescadores, trabajadores de los muelles, albañiles y hasta las sexoservidoras. Por aquel entonces radicaba en la ciudad un sastre, quien confesaba ser anarquista, que escribía artículos que eran publicados en revistas comunistas. Su nombre, Herón Proal, un tipo que a pesar de carecer de un ojo, se cuenta que era un orador carismático.

Dada su experiencia en el manejo de sindicatos -en otras partes de la República- de inmediato le dio por crear el Sindicato Revolucionario de Inquilinos. Al correr la voz -en aquel entonces- la pequeña ciudad porteña, los inconformes corrieron a afiliarse, haciendo su aportación económica correspondiente.

Los efectos

El caos se produjo de inmediato, pues los inquilinos dejaron de pagar sus respectivas rentas e iniciaron boicots en contra de los comerciantes. Por ejemplo, uno de los afectados fue el poeta Díaz Mirón, quien vivía del producto del alquiler de las propiedades que le heredó su padre. No faltó quien viera el movimiento como algo favorable, como el gobernador del Estado, Adalberto Tejada, un político de inclinación socialista.

Disidente

No cabe duda que, como dice el refrán, “para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo”. No faltó una voz disidente, la de José Olmos, de oficio marmolero, miembro activo del mencionado sindicato, a quien se le ocurrió preguntarle al líder del mismo, ¿con cuánto dinero contaba ya la organización?. La duda no era inventada, ya que fue notorio que Herón Proal utilizó los fondos del sindicato para apoyar a Úrsulo Galván, quien con ese dinero, creó un sindicato de campesinos.

Este cuestionamiento desencadenó la ira de Proal y durante un mitin, realizado el 5 de julio, en lo que hoy es el parque de La Madre (Madero y Arista), acusó de traición al valiente denunciante, sugiriendo públicamente que se le debería dar una lección. De inmediato, se formaron pequeños grupos que fueron a buscar a Olmos, y en cuanto fue localizado, entre varios le dieron una paliza que lo mandó al hospital.

Intervención militar

Por razones obvias, se formaron dos bandos. El caos se armó por toda la ciudad dado que se inició una especie de batalla campal a tal grado que tuvo que intervenir el ejército para imponer el orden mediante las armas.
La balacera se extendió por toda la ciudad y durante la madrugada del día 6. El resultado fue fatal: ¡150 muertos! Lo peor es que fueron masacrados hombres, mujeres y niños que no tenían nada que ver con el pleito inquilinario.

Visto a distancia, el tristemente famoso sindicato, que provocó las ”rentas congeladas”, impidió que durante muchos años los propietarios de las viviendas les dieran mantenimiento, las remodelaran o bien que hicieron nuevas construcciones, lo cual provocó un retraso de décadas en la modernización de la imagen del Centro Histórico de Veracruz y sus alrededores.
En fin, la torpeza de un mal líder provocó una matanza inútil, que lo llevó a la cárcel de Allende, acompañado de 140 de sus ingenuos seguidores.

FRASE:

“Los verdaderos líderes suman, no restan, multiplican, no dividen.”

Dato:

La balacera se extendió por toda la ciudad y durante la madrugada del día 6. El resultado fue fatal ¡150 muertos!

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