El Monitor

La explosión automovilística de México: un romance entre humanos y robots

Cuatro de cada cinco vehículos montados en el país van a parar a EU, y las empresas del norte de la frontera cada vez están abriendo más fábricas en el país

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Ciudad de México: El ingeniero René Sánchez dirige un robot Yaskawa como parte de los ejercicios de capacitación en Genesis-ICESA Systems. / Agencias
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Agencias / Ciudad de México
2017-07-25 16:02:31

Cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre con la promesa de traer empleos de fabricación de vuelta a Estados Unidos, Sean Patton decidió reducir sus objetivos de ventas para 2017.

Patton es el director de Desarrollo de Negocios de Genesis-ICESA Systems, una empresa familiar especializada en la integración de automatizaciones en empresas, ubicada en la región mexicana del Bajío. Su compañía abastece a gran parte de la floreciente industria automotriz de México, un gran exportador a Estados Unidos.

Pero a mediados de 2017, el motor automovilístico de México parece imparable: la industria prevé su octavo año consecutivo de producción y exportaciones récord. Y en un intento por mantener su nivel de competitividad, la industria automotriz mexicana está adoptando cada vez más automatización.

Genesis-ICESA, que ha instalado más de 500 robots desde su fundación en 1974, ha duplicado sus reservas durante el primer semestre de 2017 frente al mismo periodo de 2016, alcanzando su mejor año hasta la fecha.
“Va a ser un año muy bueno para la robótica”, asegura Patton.

Fábricas automatizadas

Al igual que los fabricantes estadounidenses cada vez encargan más tareas anteriormente humanas a los robots, México también se dirige a un futuro de fábricas cada vez más automatizadas. El Boston Consulting Group (BCG) predice que en 2025 México empleará robots para algo más del 30% de las tareas, frente a la media mundial actual del 10%. China, Japón y Estados Unidos se están automatizando a un ritmo aún más acelerado, y BCG predice que esos países el 45% de las tareas serán ejecutadas por robots de aquí a ocho años.

Para ayudar a México alcanzar este objetivo están las empresas como Genesis-ICESA, que diseña y monta las estaciones de trabajo que automatizan ciertas tareas de fabricación.

Genesis-ICESA da empleo a casi 100 mexicanos, la mayoría ingenieros que diseñan o ensamblan las estaciones de trabajo, conocidas como células. Dentro de cada una de ellas, uno o más robots ejecutan tareas específicas dentro de las fábricas del cliente, como apretar tornillos para fijar una pieza del automóvil. Algunas estaciones son cajas autónomas que pueden ser enviadas enteras, mientras que otras parecen pedazos de decorado de una obra de teatro que han de ser puestos en escena in situ.

Salarios bajos

México ya es el sexto mayor productor de vehículos del mundo. El país cuenta con dos docenas de plantas de producción de automóviles, y durante los últimos años ha se ha convertido en la sede de muchas nuevas fábricas de empresas automovilísticas de Estados Unidos. Genesis-ICESA se dirige a los proveedores de los fabricantes de automóviles, y las líneas de producción que diseña se suelen quedar en México. Son los productos producidos en esas líneas los que finalmente viajan a Estados Unidos.

Cuatro de cada cinco vehículos ligeros montados en México actualmente se venden a consumidores estadounidenses.
El ingeniero René Sánchez, de 31 años, que dirige un robot Yaskawa en Genesis-ICESA, valora la ayuda que los robots ofrecen a los trabajadores para levantar objetos pesados o soldar materiales sin inhalar humos tóxicos.
Pero también se muestra cauteloso sobre su adopción.
“La desventaja es que eliminan al operador; mucha gente no tendrá trabajo”, se lamenta Sánchez.

Los salarios en México son bajos en comparación con Estados Unidos, donde el trabajador de automóviles medio gana más en una hora que un trabajador mexicano en todo un día. Así que los robots no siempre son la opción más barata en el país. A corto plazo, los salarios se mantendrán bajos, lo que asegurará el empleo de la importante mano de obra de fabricación del país durante la próxima década.

Ojos, oídos, tacto y cerebro

Un récord de 5.15 millones de mexicanos trabajaron en la industria de manufactura en mayo, casi una cuarta parte de todos los trabajadores registrados en el instituto del Seguro Social. Alrededor de 202,000 mexicanos se unieron a las filas de los trabajadores de la industria durante los primeros cinco meses de este año.

Patton detalla: “Lo que veo en México es que existe un equilibrio entre la automatización y el trabajo manual, donde ambos se aprovechan”. Los trabajos agotadores y repetitivos se automatizan, mientras que las tareas que requieren ojos, oídos, el sentido del tacto y un cerebro todavía deben ser ejecutadas por seres humanos.

A unos 48 kilómetros de Génesis-ICESA, el fabricante belga de piezas automovilística Bosal tiene varias células asistidas por robot. Durante los últimos 18 meses, la empresa ha invertido 17.5 millones de euros (cerca de 20 millones de dólares) en automatización, una gran parte en Genesis-ICESA. La unidad de automatización ha reducido las necesidades locales de contratación de Bosal, aunque la fuerte demanda de repuestos ha hecho que la empresa haya aumentado aún más su mano de obra, en concreto, un 50% desde 2014, según el director regional de Bosal en México, Luis Palomé.

Los trabajadores ganan una media de casi 15 dólares al día, unas tres veces el salario mínimo, por insertar tubos metálicos en una máquina que luego los dobla. En una planta de Bosal en Michigan, Estados Unidos, la compañía pagó casi un millón de dólares para introducir un robot que hace el mismo trabajo, el que en México todavía se hace a mano. En 10 años, la empresa habrá amortizado el costo, pero como explica Palomé, “…en México no está justificado el costo de un robot”.

Esa es una buena noticia para Oscar González, un empleado de Bosal que ha estado introduciendo esos tubos en una máquina durante el último año. El trabajador afirma que la tarea requiere trabajo en equipo y cuestiona que un robot no podría trabajar con compañeros de trabajo a su alrededor. El trabajador concluye: “No somos homogéneos”. (Adaptado de Amy Guthrie/MIT-TR)

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