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¡Pedro Infante ha muerto!

Hace 60 años, el ídolo perecía en un avionazo El accidente ocurrió a las 7:54 am

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Ciudad de México: Hace 60 años, el ídolo perecía en un avionazo / Agencias
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Agencias / Ciudad de México
2017-04-15 11:34:12

En un día como hoy, pero de 1957, murió Pedro Infante. A las 10 de la mañana de hace 60 años, en las calles del Distrito Federal se voceaba: “¡Pedro Infante murió en un terrible accidente!”. Era el único ídolo en esos días, puesto que Jorge Negrete ya había fallecido, pero de enfermedad. Se esperaba el final de la vida del Charro cantor “de un momento a otro”.

Hace 60 años, el declamador de América, Manuel Bernal, se escuchó a través de la XEW, La Voz de la América Latina desde México: “Boletín, boletín... el cantante Pedro Infante falleció en un accidente de aviación...”.

El pueblo mexicano perdía a su ídolo y el instinto se negaba aceptar el hecho. Aún estaban frescos en la memoria las dos ocasiones en que el mazatleco criado en Guamúchil había salido vivo de dos percances aéreos.

Pero no. México comenzó su duelo e inició la leyenda del actor y cantante más popular que haya nacido en el país.

“Tengo la sangre liviana”, dijo alguna vez para tratar de explicar su carisma, su imán, su magnetismo. Su sentir se metió en el alma de sus paisanos con boleros, rancheras, valses o huapangos.

El motivo del viaje
Pedro tenía una casa en Mérida, Yucatán, y piloteaba en avión a Cozumel, Chetumal y Belice. Se había casado con Irma Dorantes, su ‘Ratoncito’, como la llamaba. José Alfredo Jiménez, a solicitud del propio Pedro, le compuso una canción que decía “Ratoncito, mi Ratoncito...”, pues así le decía a Irma. Al grabarla, le cambiaron a “Despacito, muy despacito se fue metiendo en mi corazón”.

El fallo de la Suprema Corte de Justicia, el 9 de abril de 1957, en favor de María Luisa León, que la declaraba como la única y legítima esposa de Pedro, invalidaba el matrimonio con Dorantes. Esta urgió a Pedro para que regresara a tratar el asunto. Infante quiso tomar un vuelo al Distrito Federal, pero estaba lleno. Eso el 14 de abril. Decidió viajar el lunes 15 en una aeronave de carga de Transportes Aéreos Mexicanos (Tamsa). La noche del domingo la pasó con amigos y cantó, entre otras, ‘Camino de Guanajuato’, con su letra de “la vida no vale nada”.

El trágico accidente
El avión era grande y despegó de la pista 10. El capitán Víctor Manuel Vidal anunció que estaban listos para despegar, despegaron, pero la nave perdió sustentación a 20 metros de altura. Se averió uno de los motores. La caída fue rápida. Pedro oró.

El aparato cayó sobre una casa situada en las calles 85 y 54. Murió Vidal, Pedro, que iba como copiloto, el mecánico Marciano Bautista y Ruth Rossel, quien estaba cerca del accidente y que fue alcanzada por el combustible. Eso ocurrió a las 7:54. La matrícula del avión era XA-KUN.

En el momento del accidente no se sabía quiénes eran los que viajaban en el avión. Como se reventaron todos los cables de la corriente, no había comunicación. Tuvieron que conectar un acumulador para escuchar el radio, donde ya hablaban de la tragedia.

No hablaron pronto de Pedro Infante. No fue sino hasta la media hora cuando sacaron los cuerpos totalmente carbonizados, quemados, irreconocibles.

A Pedro Infante lo reconocieron por la esclava y el anillo y de inmediato telefonearon a Tamsa para preguntar a qué hora había sacado vuelo el actor. Dijeron que sí, que poco antes de las siete. El actor piloteaba una aeronave llena de telas, pescado, bicicletas, pero todo quedó achicharrado.

El avión era viejo y grande y solo servía para viajes cortos. En 1955 tuvo fallas en un motor. Pedro medía 1.70 metros y su cuerpo quedó por las quemaduras en 88 centímetros. Fue llevado al Hospital Terán, donde se embalsamó. Se veló en Mérida. A las once de la mañana del martes 16 de abril, el féretro con los restos de Infante llegó al aeropuerto, donde ya lo esperaba una multitud.
Fue llevado a Gayosso Sullivan. Ya eran las 12:00 horas.

El pueblo desfiló para darle el adiós. Según se consigna en notas periodísticas de El Universal y en el libro ‘Si me creyeran... Soy Pedro Infante’, de Leonardo Díaz, editado por Impremax. Después fue llevado al Panteón Jardín, en el cual hoy se espera una asistencia de miles de personas para recordarlo.

Después de su muerte, Pedro Infante se convirtió en un personaje indispensable de la cultura popular. Sus películas, con su estilo alegre y carismático, cautivaron aún más al público e incluso la prensa mexicana reportó suicidios de mujeres que decidieron sacrificarse por el actor.

Y es que Pedro Infante no solo fue un charro alegre y dicharachero. También supo ser el héroe urbano de la clase trabajadora.

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