Veracruz, rumbo a los 500 años

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Edward Burnett Tylor, el viajero inglés Describe ‘la ciudad de los muertos’ del siglo XIX

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Veracruz: Uno de sus biógrafos, opina que Edward redactaba de una manera un tanto confusa. / Redacción
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Redacción / Veracruz
2017-03-06 11:17:38

Edward Burnett Tylor (1832-1917) fue un científico nacido en Gran Bretaña, cuyos méritos fueron: ser el primer titular de una cátedra de Antropología, publicar media docena de libros sobre dicha materia y ocupar el puesto de director del Museo de la Universidad de Oxford, entre otros muchos logros académicos.

A los 24 años de edad decidió viajar, en lugar de dedicarse a los negocios de la familia. Su primer gran experiencia fue visitar Cuba y México, según su propia narración en el libro Anahuac, or Mexico and The Mexicans, publicado en Londres, en 1861.

La aventura fue originada por dos motivos: recuperar su delicada salud y como un “viaje de educación” (en alemán Bildungsreisen); una práctica común entre los jóvenes burgueses de la época, para que conocieran el mundo.

La travesía la realizó en 1856 acompañado de un estudioso de las razas y los pueblos, el etnólogo Henry Christie, un hombre con mucho dinero, quien vino a México con la idea de adquirir piezas arqueológicas.

Pasado el tiempo, Edward reconoció que la amistad con su compañero de viaje reforzó su vocación por la Antropología.

El recorrido de Cuba a México fue tardado y penoso: “un fuerte viento soplaba casi exactamente en contra de nosotros, y nuestra pesada embarcación tuvo que hacer vuelta tras vuelta…flotaban grandes medusas esperando alguna presa y pasamos por grandes manchas de sargazo correoso, que se convertían en sogas largas. El termómetro nos mostró 84 grados Fahrenheit, cuando lo metimos al agua”.

Llega al puerto
Por lo visto, las molestias causadas por el viaje fueron recompensadas por el primer paisaje que entró por sus ojos: “Ninguna playa estaba a la vista, pero un pesado banco de nubes estaba parado en el horizonte, y en lo alto, encima de ellas, se veía el pico nevado de Orizaba, a una distancia de 150 millas”.

“Antes del mediodía entramos al puerto de Veracruz. Vemos la pequeña isla y el fuerte de San Juan de Ulúa frente al malecón y la Isla de los Sacrificios un poco más a la izquierda. Vemos una línea de muralla de la ciudad a lo largo del agua y arriba, los techos planos de las casas y las torres y cúpulas de muchas iglesias. Todo era gris, solamente interrumpido por las tejas españolas en los techos de las iglesias y una o dos banderas en el puerto.

No se veía ni un pedazo de vegetación y los rayos del sol se nos abalanzaban”.

Al llegar, ambos visitantes se hospedaron en una posada.

Ya con calma visitaron a varios comerciantes ingleses, establecidos en la ciudad, quienes los atendieron muy bien, ya que Christie contaba con cartas de recomendación, las que ayudaron a que se les abrieran las puertas.

Dado que la idea de ambos era seguir hacia el centro del territorio, investigaron el tipo de trasporte que los trasladaría: diligencias fuertes y sólidas, construidas en Estados Unidos y con una capacidad para nueve pasajeros.

Dado que por esos días había problemas bélicos en Puebla, las diligencias evitaban pasar por dicha ciudad.

Observaciones del viajero
* El clero posee inmensas riquezas y tiene mucha influencia espiritual entre las clases más bajas.

* Los zopilotes son los principales recolectores de basura de la ciudad y si alguien mata uno de ellos será severamente multado… Los zopilotes, con sus cabezas calvas y su plumaje negro y feo… los vimos sentados en filas compactas en la parte superior de las casas y de las iglesias y aparentemente tenían una preferencia por la cruz de la catedral.

* Fuera de las puertas de la muralla nos encontramos entre las colinas de arena que se extienden por millas alrededor de Veracruz. Son montículos de arena movediza y, aunque algunas de ellas miden 50 pies de altura, el feroz viento del norte las mueve.

* Un viajero anterior llamó a este lugar “la ciudad de los muertos”. Se debe a que de junio a octubre, este es un lugar melancólico: el sol está en su punto más alto, no hay ningún viento del norte que pueda limpiar el aire.

* Por si fuera poco, si bien solo llueve 4 meses al año, la cantidad equivale a tres veces más de la que cae en Inglaterra en todo el año. El agua se filtra a través de las colinas de arena y forman grandes lagunas de agua muerta.

* Dado que se convierte en un agua malsana surgen vapores malolientes y, por el efecto de la arena, se acumula calor durante el día, que dura aún por la noche.

* Respecto al sobrenombre de “la ciudad de los muertos”, Edward hace alusión al hecho de que otro viajero inglés, el naturista William Bullock visitó Veracruz en 1822 (34 años antes), en la temporada de calor, y comentó que las campanas de la iglesia doblaban por los muertos desde la madrugada hasta la noche y que, durante las semanas que vivió aquí, no podía salir a la calle sin encontrarse con algún sepelio.

* En cuanto a vivienda: Hay calles con bonitas casas españolas, construidas con roca de coral blanco de los arrecifes cerca de la costa, pero están enmohecidas y con un aspecto deplorable. Fuera de las murallas está la Alameda.

* Los viajeros estaban advertidos de que deberían permanecer poco tiempo en la ciudad, por la amenaza de la fiebre amarilla: “Bajo estas circunstancias, se le recomienda al extranjero no aclimatado que se quede acostado en una habitación fresca, fumando un puro y leyendo una novela, más que ir en busca de información útil”.

* Como buen observador, Burnett Tylor escribió en forma profética: “Cuando sea que suceda algo desagradable en México, a Veracruz le toca su parte plenamente”.

Centinela singular
“En la puerta de entrada a la ciudad se encuentra un centinela -una de las cosas más curiosas que he visto en mi vida, en la forma de un soldado- un indígena cobrizo de la costa, vestido en unos trapos que una vez fueron uniforme, descalzo y extremadamente mugroso, y armado con un impresionante viejo fusil de chispa.

“Su apariencia es bastante mala, realmente es peor de lo que parece, pues no hay duda de que ha sido obligado a enlistarse en el ejército contra su voluntad y odia a los blancos y sus modos desde el fondo de su corazón.

“Es seguro que una vez que se le presente la oportunidad, desertará. Y aunque no será una pérdida para el ejército, contribuirá con su granito al sentimiento de odio contra los blancos y los mestizos que se ha venido acumulando durante tantos años entre los indígenas”.

*Héctor Noguera
Fue director del Museo de la Ciudad; es editor de la revista AL RESCATE de la Historia de Veracruz; pertenece a la Sociedad Cultural Baluarte, AC y es miembro de la Fundación 500 años.

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