Veracruz, rumbo a los 500 años

Documentan los recintos de la fe

Recorren conventos e iglesias del Puerto Aventureros registran sus visitas a una ciudad naciente

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Veracruz: Recorren conventos e iglesias del Puerto / Juana Santos Medel
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Juana del Carmen Santos Medel / Veracruz
2017-01-23 10:58:49

Hacia el año de 1574, Veracruz estaba naciendo, Juan López de Velasco, geógrafo, hacía la siguiente descripción: “el pueblo apenas llegaba a los 200 vecinos españoles y una cantidad mayor de esclavos africanos que eran usados en el trabajo portuario”.

Las casas estaban construidas de ladrillo y teja, estaba la caja real, “la iglesia parroquial, dos monasterios, uno de la orden de San Francisco y otro de la Compañía de Jesús, además del hospital de la Caridad sostenido por las limosnas del pueblo” (Bernardo García).

Hacia el siglo XVII, según lo menciona Francisco del Paso y Troncoso en el libro La ciudad de tablas, la fisonomía de las casas y sus manzanas seguía siendo muy parecida a la de años atrás, las iglesias, continúa, tienen el techo de tejado a excepción de la parroquia que es de bóveda, de una sola nave, solo se ve la iglesia y sus grandes tapias con entrada por la parte donde construirían tiempo después el portal de Miranda.

Había otros templos: San Juan de Dios, San Agustín el Viejo y San Agustín el Nuevo y la iglesia de los Jesuitas, los dos primeros tenían campanarios y tapias.

Otro de los santuario fue el de San Francisco y el de la Merced, este último tenía una torre y una crujía de piezas bajas la cual posiblemente sirvió de iglesia y de convento.

El convento de Santo Domingo
Menciona el convento de Santo Domingo mismo que abarcaba toda una manzana, su construcción estaba formada por crujías, tapias y un patio rectangular, una torre enmedio del patio, el capital pese a no ser tan elevado, el campanario se podía apreciar por la parte de atrás del edificio.

Una característica significativa que acompañaba a los conventos, era que a una distancia “regular” de la fachada del convento de Santo Domingo había un pedestal de grandes dimensiones que sostenía una cruz grande.

Estas cruces se podían observar en otros espacios de la Veracruz, por ejemplo en la Merced, delante de la fachada de San Juan de Dios y frente a una de las puertas de la Parroquia.

Los viajeros también nos dan referencia de los conventos e iglesias que existieron en Veracruz.

Otras miradas
Entre 1864-1865, W. H. Bullock, de origen inglés, menciona brevemente la existencia de estos edificios.

Comenta que cuando se llegaba a Veracruz, se percibían las torres y las cúpulas. Al entrar a la ciudad hace un pequeño comentario sobre la iglesia de San Francisco, esta se encontraba en condiciones adecuadas para los servicios religiosos, las demás, no menciona el nombre de ellas, se convirtieron en almacenes y el altar lucía lleno de pacas de algodón y de quincallas, otra de ellas era utilizada como escuela.

El viajero Gilbert Haven, pastor protestante llegado de los Estados Unidos en el año de 1873, relata su encuentro con la iglesia del Cristo.

En un viaje al cementerio siguió el camino que conducía a la alameda, pasó por un puente que cruzaba un riachuelo el cual estaba bordeado de palmeras de cocos “y bancos de piedra para los ociosos”.

Narra que la iglesia del Cristo se encontraba más allá, queremos entender que estaba fuera de la ciudad, cerca de ella había casas de personas pobres, en ésta se llevaban a cabo la mayoría de los servicios funerarios.

Periodistas
Continuamos en el mismo siglo, pero seis años después llega John F. Finerty, irlandés de origen, de profesión periodista.

El señor Finerty tuvo la oportunidad de conocer la catedral católica causándole una gran impresión por su construcción del estilo morisco.

En los primeros años del siglo XX, hacia 1908 llega William E. Carson a México, siendo corresponsal de un periódico de los Estados Unidos, su viaje por diversos lugares del país le permitió hacer algunas descripciones de sus calles, de sus iglesias, costumbres y de su historia, entre otras.

“En el centro de la ciudad hay una pequeña plaza, plantada con palmeras y diferentes arbustos tropicales, donde la banda militar toca varias noches a la semana, es una costumbre en todas las ciudades mexicanas.

“A un lado de la plaza está la Catedral, construida en 1734, aunque parece más antigua. No lejos de ahí se levanta la iglesia de San Francisco, fundada en 1568, su campanario es utilizado como faro. Adjunto está un convento que ha sido convertido en biblioteca pública”.

Espacios vacíos
En 1928 el padre mercedario Luis Márquez Eyzaguirre llegó a México durante la guerra cristera, como el común de los viajeros escribe lo que vive, así lo hace de Veracruz.

Siendo sacerdote, uno de sus deseos era visitar los templos y precisamente cerca del hotel donde se había alojado se encontraba el de San Francisco.

Por Carson ya conocíamos en lo que se había convertido el convento de San Francisco, Márquez lo confirma ya que sobre la puerta mayor había un letrero que decía “Biblioteca Benito Juárez” y a la entrada la estatua de San Antonio.

La impresión que tiene después de su visita a las iglesias es desalentadora, comenta que casi todas están abiertas, en los altares hay imágenes que se adornan con luces y flores, pero lo desconsuela el ver que los sagrarios están abiertos y vacíos, la lámpara del Santísimo está apagada, no hay sacerdotes y las personas que en ella se encuentran rezan o meditan en silencio.

Espacios vivos
En La Merced, la visión es diferente, su impresión es enorme “no pude resistir al ver el cuadro de mi Madre Santísima con todos los santos de la orden. El escudo de las barras sangrientas era el adorno de las puertas, columnas, chapiteles y altares, dos estatuas enormes de San Pedro Nolasco y de San Román Nonato”.

Continuando con los viajeros, otra visión de las iglesias nos la dejó Max Miller, nacido en los Estados Unidos, su aporte aunque breve es interesante y nos da otro elemento más para conocer la función que en determinado momento tuvieron estos edificios dependiendo de las circunstancias.

“…el pirata Lorencillo, en una de sus incursiones, reunió a más de 1,500 ciudadanos dentro de la iglesia, echó el cerrojo, y los dejó adentro durante cuatro días para que se asfixiaran y gritaran pidiendo agua…la iglesia cercana a la plaza es una de las más viejas de México. aunque probablemente también la más fea, al menos desde el exterior”.

Otro de los viajeros que nos da información sobre los edificios religiosos es Clifford Gessler, también de origen estadunidense, al parecer artista dedicado a la pintura dedica unas líneas a Veracruz en sus visitas no podía faltar sus observaciones de las iglesias.

Comenta que fue divertido recorrer el Paseo de los Cocos y visitar la librería Juárez instalada en la iglesia de San Francisco.

Otras perspectivas
Concluimos con un viajero nacional, Manuel Payno, mencionado en otros textos, político, literato y periodista.

En un viaje a Veracruz escribe sus vivencias dejándonos esto como testimonio.

Su primer comentario es de la parroquia “… es de orden compuesto, y sería muy bella si las torres estuviesen concluidas. Por dentro está pintada de blanco, y el pavimento es de mármol de Génova”.

Observaciones diversas, algunas destacando la belleza de las iglesias y conventos otras, comentando su arquitectura y deterioro, todas ellas nos permiten conocer otro aspecto de cada uno de estos edificios religiosos que guardan una historia que creció en algunos casos con Veracruz y en otros se detuvieron en el tiempo.

Su historia debe ser contada porque es la vida de Veracruz, es parte de ese cuerpo que si bien algunas piezas ya no están, aún quedan algunas con las cuales podemos construir y reconstruir, preservar y difundir la historia de un puerto y ciudad que fue fundamental en la historia de nuestro país: Veracruz.

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