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Llega la sangre al caudal

110 años de la represión en Río Blanco Causas que originaron la matanza obrera

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Veracruz: La huelga de Río Blanco se considera el evento social que detonó la Revolución. / Imagen del Golfo
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Ricardo Teodoro Alejandrez / Veracruz
2017-01-09 10:56:24

La sangrienta represión de la huelga de obreros textiles de Santa Rosa y Río Blanco en la región fabril de Orizaba, llevada a cabo en 1907 bajo el ojo vigilante del orden y el progreso porfiriano, generalmente es rememorada como un acontecimiento histórico precursor del gran movimiento social que quebró la estructura porfirista: la Revolución Mexicana.

Más allá de verla como un hecho detonador de un conflicto de mayor envergadura, el movimiento de los trabajadores textileros de las fábricas de Santa Rosa y Río Blanco, puede ser observado como el momento culminante de una larga lucha entre la clase obrera y la burguesía consolidada en el porfiriato.

Tensión que así mismo es evidencia coyuntural del gran salto industrial impulsado en México tras el definitivo triunfo liberal en la segunda mitad del siglo XIX, con la derrota del Imperio de Maximiliano.

Así, para comprender los sucesos de enero de 1907 y su trascendencia histórica, es preciso rememorar cómo se llegó a ese punto de inflexión desde la recuperación de la historiografía sobre el tema y sobre todo, develar un hecho poco reflexionado y casi desconocido por los nostálgicos del pasado, que se pretende acercar en este artículo a partir de las siguientes interrogantes:
¿Por qué la huelga textil de la zona de Orizaba-Tlaxcala-Puebla la iniciaron los patrones y no los obreros?
¿Fue la de 1907 la única huelga que se llevó a cabo en Orizaba?
¿Constituye el movimiento obrero de 1906-1907 un síntoma de desgaste de la paz porfiriana?
¿Cómo funcionaba el aparato represivo en el porfiriato?
¿Eran los obreros enemigos del régimen?

I. Orizaba: del humo del tabaco al humo de la fábrica
En su célebre novela ‘Los parientes ricos’, el escritor Rafael Delgado describe a La Pluviosilla (pseudónimo que utiliza para referirse a Orizaba) en la segunda mitad del siglo XIX, como una sociedad tradicional con pinceladas de modernidad, cuyas clases pudientes se veían amenazadas por una naciente burguesía afrancesada que imponía nuevas modas.

Y que marcaba el ritmo cotidiano con el silbato del ferrocarril y de la pujante industria textil, que para esos años ya había desplazado la histórica fuerza económica de los cosecheros del tabaco.

En palabras de la historiadora Eulalia Ribera Carbó en su texto ‘Traza, ocupación del espacio y segregación. La morfología urbana de Orizaba en el siglo XIX’:
“Se trata de una ciudad que después de terminada la guerra de Independencia y hasta antes del primer gobierno de Porfirio Díaz en 1877, inició el proceso de cambio que la llevaba a convertirse en una población de concepción moderna, adecuada a los años de innovación que se imponían inexorablemente.

Un primer arranque industrial alrededor de 1840, la entrada paulatina de un comercio extranjero que aportaba novedosas modas en el consumo, en los años sesenta la desamortización de espacios conventuales que se incorporaron a los usos laicos del suelo, y en 1872 la llegada del símbolo del progreso: el ferrocarril”.

Al despuntar el siglo XX, el crecimiento demográfico era ya evidente y el ritmo de vida por el acelerado proceso de industrialización mostraba un dinamismo propio de los cambios que imponen las migraciones.

Pues en un lapso relativamente corto de tiempo, la zona de Orizaba, Santa Rosa y Río Blanco se convirtió en motor de arrastre de una amplia gama de personajes comunes al desarrollo industrial: migrantes de otras regiones, artesanos, proveedores, prostitutas, usureros, comerciantes, y más.


II. Los orígenes de la organización obrera
El triunfo del liberalismo en México y la restauración republicana en 1867 ya con la esencia de la Constitución de 1857, dio continuidad al proceso de desamortización de los bienes de la iglesia y de las comunidades indígenas., La conformación de una sociedad capitalista y retomó el impulsó industrial suspendido tras una década de guerra.

Durante el mandato de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876), la emergente clase obrera ya se adivinaba como una fuerza capaz de emplearse con fines corporativistas, útiles al Estado.

Pero a su vez, también se le consideraba como una fuerza amenazante para la estabilidad social y económica si no se le sometía al control político o al redil capitalista, como ya se había comprobado con las revoluciones obreras de 1871 en Francia que se desembocaron en el breve experimento de la Comuna de París.

Pese a estas renuencias, Lerdo de Tejada facilitó la organización obrera a través de la constitución de sociedades mutualistas y cooperativas de trabajadores donde dos grupos en particular fueron cobrando fuerza, reflejando al mismo tiempo esa transición en el orden de la estructura laboral y de clase que se comenzaba a gestar en ese México decimonónico: los artesanos del tabaco y los obreros textiles.

Integrados en torno al llamado Gran Círculo de Obreros de México, su agrupación definía el origen de la lucha de clases en nuestro país y un nuevo escenario de tensión entre la clase obrera y patronal con el Estado como mediador.

Así las cosas, en el interregno lerdista la organización obrera tendría un período de gran movilidad y organización que inició su declive con la llegada al poder de Porfirio Díaz en un primer momento (1876-1880) y se agravaría seriamente durante el mandato de Manuel González (1880-1884) quien avaló la imposición de duros reglamentos laborales que daban gran poder a los patrones sobre los derechos de los trabajadores.

Pese a ello, en su investigación titulada ‘Artesanos y trabajadores frente al Estado Nacional, Mario Trujillo Bolio’ menciona que, “Durante el tiempo en que logra afianzarse el régimen porfirista, los movimientos huelguísticos que se presentaron entre 1884 y 1888 aparecen de manera aislada y sin relación alguna con el corporativismo laboral.

No obstante, y a pesar de vivirse tiempos de mayor represión contra las reivindicaciones obreras, cabe señalar que éstas comenzaron a tener un radio de acción más vasto en las distintas regiones del país y serían promovidas por diversos sectores de los trabajadores.

Las protestas que se realizaron las encabezaron no solamente los operarios textiles y del tabaco, sino también otros sectores tradicionales y recién formados, como los panaderos y mineros y los ferrocarrileros y telefonistas”.

Asistimos pues no solo a la consolidación de la lucha obrera, sino a su lenta toma de conciencia de clase, pues como bien señala Bernado García Díaz en su ya clásico libro ‘Un pueblo fabril del porfiriato: Santa Rosa, Veracruz’ “alrededor de las fábricas se comenzaron a formar pequeños núcleos de obreros que rompieron con su entorno rural y empezaron a ensayar formas asociativas que marcaron el inicio de una identificación de clase”.


FRASE
“Las protestas que se realizaron las encabezaron no solamente los operarios textiles y del tabaco, sino también otros sectores tradicionales y recién formados, como los panaderos y mineros, y los ferrocarrileros y telefonistas”.
Mario Trujillo Bolio


- El conflicto surgió como una inconformidad patronal.
- Culmina la lucha entre la clase obrera y la burguesía porfiriana.
- Mostraba un dinamismo propio del efecto de las migraciones.
- Orizaba, Santa Rosa y Río Blanco fueron motor al desarrollo industrial.

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