Veracruz, rumbo a los 500 años

Cronología de la represión

Agrupaciones obreras estallan ante represión Estado impone ‘orden’ con violencia

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Veracruz: Imponían multas a los trabajadores por pasear con los amigos, jugar volados o por leer el periódico. / Imagen del Golfo
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Ricardo Teodoro Alejandrez / Veracruz
2017-01-09 10:50:41

Tal y como ocurrió con sus homólogos industriales en Estados Unidos, Inglaterra y Alemania “los textileros mexicanos creían que forzando a los obreros a trabajar largas jornadas bajo un régimen represivo, y controlando su tiempo libre en el caserío de la fábrica, podría evitarse inculcar en los trabajadores, actitudes y valores esenciales para el desarrollo de la disciplina industrial”.

Así lo refiere la historiadora Coralia Gutiérrez Álvarez en su texto ‘Organización y control de los trabajadores en la industria textil: el sistema social de la fábrica en el Altiplano Puebla-Tlaxcala, 1892-1914’.

Por ello, a la par de la organización del movimiento obrero mexicano, la nueva clase empresarial comenzó a articular estrategias de control y/o contención de dichos movimientos a partir de la expedición de sendos reglamentos.

Que respaldados casi siempre por los poderes del Estado, les daban facultades casi políticas y represivas para eficientar la producción sin menoscabo de sus ganancias, y a su vez, disciplinar a un siempre conflictivo proletariado.

III. Los empresarios desplazan a los hacendados
Según recoge García Díaz, protagonizó 27 de las 41 huelgas textiles que se llevaron a cabo en el país entre 1850 y 1883 ya con la reglamentación represiva que se impuso.

Para 1902 arrojaba un saldo de 82 multas semanales a los trabajadores por conductas como “pasear con los amigos”, “por jugar volados”, “por leer el periódico”, “por fumar en los telares”, “por cantar”, “por silbar” entre otras tan comunes como absurdas para nuestros días.

Gracias a su creciente poder económico, la élite industrial obtuvo jugosas concesiones y facilidades fiscales del régimen porfirista a fin de garantizar la marcha del obsesivo progreso porfirista.

En este sentido, según concluye la investigadora Aurora Gómez Galvarriato Ferrer en su artículo La transformación de los pueblos fabriles del Valle de Orizaba “los pueblos fabriles del valle de Orizaba padecieron en sus inicios por la débil presencia del Estado y un pobre desarrollo del mercado.

La compañía reemplazaba a uno y otro en la provisión de bienes y servicios. Las fábricas se establecían en un espacio vacío, no solo física sino también institucionalmente, y se hacían responsables de la construcción de infraestructura urbana y otros deberes del Estado, como el orden público”.

Gracias a ese rol, el gobierno de Teodoro A. Dehesa principalmente, les permitió disponer de la fuerza pública a fin de mantener a raya el creciente movimiento obrero que cada vez cobraba más impulso en el centro del Estado.

Así, tanto los temidos rurales como los jueces y el jefe político de la zona, operaban a voluntad de los designios de los poderosos industriales textileros como se vio en la sangrienta represión de enero de 1907.

IV. Orden y Progreso (a toda costa)
La historiografía del movimiento obrero da cuenta de cómo desde su origen, el proletariado mantuvo un espíritu combativo y reivindicativo de sus derechos frente a la prepotencia y el autoritarismo de la pujante clase industrial que buscaba explotarlos sin ningún miramiento.

Por ello, es comprensible que la política represiva utilizada para contener las constantes huelgas se agudizaban conforme los trabajadores eran conscientes de su estado de explotación, por ello llegaron a desarrollar una capacidad de organización, comunicación y solidaridad que no se había visto en ningún otro sector hasta entonces.

Así las cosas, solo había que esperar el momento coyuntural en que el gran acontecimiento emergiera.

Ese momento llegó en 1906 con la creación del Gran Círculo de Obreros Libres, la consolidación de la influencia de las ideas magonistas entre los obreros textiles y el surgimiento de diversos liderazgos entre los obreros que insistían con mayor ahínco en combatir el represivo sistema de multas de los patrones.

Las condiciones de riesgo y explotación en que trabajaban y los abusos de los empleados de mayor rango dentro de la fábrica. Obviamente la persecución contra esos líderes no se hizo esperar.

A lo largo de 1906, diversas huelgas y paros tensaron más las relaciones obrero-patronales, pues los dueños de las fábricas se dieron cuenta que la organización obrera y los lazos entre las diversas organizaciones de trabajadores con sus pares de Tlaxcala y Puebla, permitían a los huelguistas orizabeños mantener su lucha.

Por lo que en la mayoría de las huelgas acabaron por ceder frente a la fuerza del movimiento obrero.

V. Inicia la huelga
Así las cosas, en diciembre de 1906, los obreros textiles de Orizaba, Puebla, Tlaxcala y el Distrito Federal inician una huelga en protesta por las condiciones de trabajo.

De acuerdo con Pablo Serrano Álvarez en su obra Porfirio Díaz y el Porfiriato. Cronología 1830-1915, a principios de diciembre se reúnen 500 obreros poblanos en un teatro para plantear sus peticiones de aumento de sueldos y disminución de trabajo, mismas que son ignoradas, lo cual lleva a la huelga a los trabajadores.

A estos se les unen los tejedores de Tlaxcala, haciendo un total de 6800 huelguistas.

El 4 de diciembre, el Segundo Gran Círculo de Obreros Libres declara la huelga en las fábricas textiles del centro del país debido a la expedición de un nuevo reglamento que les parece injusto para los trabajadores.

A esta se suman de inmediato cerca de siete mil operarios de las fábricas de Tlaxcala y Puebla. El 6 de diciembre, la huelga ya es total en las 34 fábricas poblanas y tlaxcaltecas. El 7 de diciembre, Próspero Cahuantzi le comunica a Porfirio Díaz que los empresarios de Tlaxcala resolvieron cerrar sus factorías en fechas próximas.

El 12 de diciembre, el arzobispo de Puebla, Ramón Ibarra González, se ofrece a mediar entre los obreros y los dueños de las fábricas.

En ese lapso son aprehendidos 13 trabajadores de los tranvías de la Ciudad de México cuando pretenden interrumpir el servicio en Peralvillo y otros 100 son dispersados por la policía. El 14 de diciembre, los trabajadores de Río Blanco aceptan la mediación de Porfirio Díaz en el conflicto.

El Segundo Gran Círculo anuncia que pedirá el arbitraje del presidente Díaz para la solución de la huelga. El 21 de diciembre, el presidente Díaz pide a los obreros y patrones que firmen un acuerdo en el que formalicen su designación como mediador.

Dicha situación obligó a los patrones a tomar la ofensiva, y siguiendo la cronología de Serrano Álvarez, el 22 de diciembre en un hecho inusitado y a fin de demostrar su fuerza, los industriales le informan al presidente que no desean su mediación.

Así mismo, anuncian que, a partir del 24 de diciembre, las fábricas textiles de Orizaba, el Distrito Federal y Querétaro cerrarán sus puertas mientras los obreros no renuncien a sus pretensiones y acepten las condiciones de trabajo propuestas ya en el reglamento.

El 4 de enero se soluciona el conflicto en las fábricas de Puebla y Tlaxcala, mediante la intervención presidencial. Porfirio Díaz lee a trabajadores y empresarios de la industria textil su laudo, el cual es censurado casi unánimemente.

Su parte más polémica es el artículo 3°, en el cual se establece el uso de una libreta de trabajo donde el empresario anotará «la buena conducta, laboriosidad y aptitudes del operario», y sin la cual no será admitido en ninguna fábrica.

El 6 de enero, José Morales comunica la resolución presidencial que pone término a la huelga a los 2000 obreros reunidos en el Teatro Gorostiza, de Orizaba. El fallo de Porfirio Díaz es desfavorable para los obreros.

La mayoría se declara conforme con el laudo presidencial, aunque muchos protestan en contra.

VI. Inicia la violencia
Con esos antecedentes llegamos al 7 de enero, cuando se inicia la huelga en la fábrica textil de Río Blanco y los empleados de la tienda de raya de Víctor García disparan contra los trabajadores, matan a uno y hieren a otro, en el momento en que estos se encuentran en las afueras de la fábrica.

Ese mismo día se abren todas las fábricas cerradas en Puebla, Veracruz, Jalisco, Querétaro, Tlaxcala y el Distrito Federal y el 8 de enero, tropas al mando de Rosalino Martínez, subsecretario de Guerra, arriban a la zona conflictiva de Río Blanco para aplacar el movimiento.

Se llevan a cabo fusilamientos sin formación de causa a los líderes obreros Ricardo Moreno y Manuel Juárez.

Además, se enjuicia a todos los encarcelados para determinar su participación en los hechos; los que logran huir son perseguidos en las montañas.

También se catean las viviendas de los obreros en busca de simpatizantes y para recuperar los objetos saqueados.

El 9 de enero, se reabren las fábricas textiles en la región de Orizaba.

Sofocado el movimiento, el 13 de enero, se reinician las labores en la fábrica de Río Blanco, y se nota la disminución del número de obreros.

Finalmente, el 1 de abril, el presidente Díaz informa al Congreso de la Unión que los disturbios de Río Blanco se reprimieron con tanta prontitud como energía, y advierte que si la clase obrera produjera nuevos trastornos, el gobierno hará respetar los derechos de todos y sabrá mantener el orden público. Es decir, orden y progreso a como dé lugar.

"El 7 de enero se inicia la huelga en la fábrica textil de Río Blanco, y los empleados de la tienda de raya de Víctor García, disparan contra los trabajadores, matan a uno y hieren a otro."

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