Veracruz, rumbo a los 500 años

Pregones para la crisis

‘El viejo’, versos de protesta social Cantos convertidos en tradición veracruzana

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Veracruz: EL VIEJO va acompañado de una viuda, un doctor y otros personajes que con diversos instrumentos musicales lo conducen cantando los diferentes versos del viejo. / Juana Santos Medel
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Juana del Carmen Santos Medel / Veracruz
2016-12-26 12:39:02

El último día del año, las calles de la ciudad de Veracruz se tornan musicales, la algarabía, la risa y la guasa se apodera de ellas.

Es el fin de año y ese paso hay que celebrarlo, así que con fanfarrias, bullanga y baile se le dice adiós. El último adiós hay que hacerlo gozando y riendo y eso en la ciudad de Veracruz y en algunos otros municipios del estado se lleva a cabo de una forma muy particular: con un viejo elaborado con ropa en desuso, gastada, al igual que los zapatos, barbas de algodón, calcetines y todo lo que se le ocurra a quienes lo confeccionan.

Generalmente el viejo va acompañado de personas disfrazadas de viuda, doctor y otros personajes que con diversos instrumentos musicales lo conducen cantando los diferentes versos del viejo.

Satanás Ximénez, Paco Píldora y Eduardo Turrente nos dejaron algunos datos escritos sobre la forma en la que se efectuaba esta tradición.

¿Cómo surgió?
Sobre esto hay diversas versiones, una de ellas es la siguiente. Se dice que hacia el año de 1875 nace en las barriadas del puerto la tradición del “viejo”, surge como una protesta social encabezada por M.A. Barril mismo que el día 24 de diciembre junto con un grupo de jornaleros se dedicó a molestar a las familias que vivían por el rumbo del patio Panamericano, que según don Paco Píldora se encontraba ubicado en Hidalgo entre Arista y Aquiles Serdán, atrás del Hospital Militar.

Surge la tradición
Mientras estas familias celebraban la fiesta de Nochebuena, los trabajadores utilizando latas, cencerros y tapaderas de peltre armaban escándalo en su peregrinar por las calles hasta que fueron detenidos y multados con la honrosa cantidad de $12.00.

Las personas que se manifestaban eran trabajadores del muelle que tenían un salario que no alcanzaba casi para nada, debido a lo raquítico del mismo, otros recibían variados beneficios como pequeñas cantidades que se les entregaba en las pascuas, o bien les obsequiaban ropa de uso que ya no querían los patrones como chalecos y bombines que luego lucirían en las fiestas o jelengues que se realizaban en los patios.

Crece el movimiento
La hazaña de Bovril volvió a repetirse al año siguiente, el número de participantes fue mayor incorporándose algunos cubanos, jarochos y mulatos, quienes en señal de protesta por la situación en la cual estaban, emprendieron el camino hacia la casa de los patrones, éstos ante el bullicio y gritería les dieron algunas botellas de licor y alimentos con los cuales se fueron quizá a algún solar donde compartieron la comida y bebida y festejaron el grupo.

Esta acción se repitió año con año, el asalariado pedía al patrón, pero ahora iban acompañados de guitarras y güiros con los cuales coreaban algunas coplas, esta forma de pedir se extendió a las calles, callejones, barrios, amistades y parientes.

Otra versión
Cuenta don Paco Píldora que a él le platicó un viejo estibador que la ocurrencia de representar el año viejo surgió de la figura que tenían los almanaques que llegaban del Japón.

En uno de ellos un personaje que representaba al viejo tenía un notable parecido con un coreano que era aguador de la cuadrilla de los estibadores que vivía por el rumbo de la playa, con tal parecido la gente de su barrio vistió al aguador como aparecía el viejo del almanaque, seguido por un niño que hacía de año nuevo.

Una vez vestido lo pasearon por todo el barrio causando gran alboroto en el vecindario, esta jocosa representación tuvo tal éxito que para la noche del último año se organizó un grupo con algunos instrumentos, ensayaron algunas coplas y desde temprano empezaron su recorrido.

Este grupo recorrió varias calles pasando por la puerta de la Merced para después regresar al barrio donde siguieron con la fiesta en donde el coreano vestido de viejo fue todo un éxito.

A partir de aquellos años se estableció la costumbre de recorrer el día último del año las calles del puerto originándose así tan bella tradición.

El muñeco
Para 1907, Eduardo Turren en su libro Veracruz de mis recuerdos, relata que “…por las calles aturdía el griterío de los muchachos que en desvencijada silla llevaban a un muñeco con barba hecha de algodón. Ante cada puerta y en los portales se detenían para cantar: Una limosna / para este pobre viejo. / Una limosna / para este pobre viejo / que ha dejado hijos / que ha dejado hijos / para el año nuevo / para el año nuevo.

“El correteo en las calles era incesante entre el retonar de cohetes y ensordecedor toque de latas y toda clase de objetos susceptibles al ruido y escándalo, hasta que se despedaza el muñeco al dar el reloj del ayuntamiento las doce campanadas y cuando las sirenas de Ulúa y de todos los barcos en la bahía dejan oír su penetrante aullido junto con el toque de las campanas del templo, cuyo metálico canto aturdía.

“El trasnoche terminaba viendo retorcerse en las llamas al año viejo, para continuar los festejos entre la algarabía de niños y adultos, con las piñatas y la alegría propia del año que inicia”.

Para concluir Estuardo “Satanás” Ximénez, usando un lenguaje propio nos narra esta fiesta. “ Todos ustedes han visto, los días 31 de diciembre, desfilar con mucha bullanga por las calles de Veracruz las comparsas de ‘Los Viejos’, que al son de melodías tropicales van charoleando por plazas y portales pidiendo la consabida ‘limosna’ para el pobre ruco que va a estirar la pata a las doce de la noche, o sea, el Año Viejo, mientras ‘descuajirongan’ la cadera”.

“Satanás” escribe que esta tradición inició en los muelles como anteriormente lo comentamos.
Algunos viejos famosos fueron los elaborados por Raúl Luna, de los billares de Francisco Canal e Ignacio Allende, del Napa y la Fárfara de la barriada de Cuauhtémoc y los de Caballo Muerto.

En los últimos años, el Tiburón González, exrey del carnaval de Veracruz, no faltaba el día último desfilando por la avenida Independencia acompañado de música y rumba le imprimía alegría y jocosidad a esta tradición.

Como algunas de nuestras hermosas tradiciones, no sabemos muy bien cómo inició ésta, pero hay que decir que la del viejo se lleva a cabo en otros rincones del estado y en cada uno de ellos le imprimen las características propias del lugar.

Pregón de los viejos
Dr. Oswaldo S. Arias

Una limosna para
este pobre viejo
que ha dejado hijos
que ha dejado hijos
para el Año Nuevo.
Oye en la noche nublada
por el Boreas inclemente,
como en las calles la gente
goza y grita entusiasmada,
escúchala en la barriada
que engastan Doblado y Prim,
mientras el viento la crin
del cococotero alborota
y en los solares aún flota
náufrago olor a jazmín.
Raro y secular mitote
que festeja y simboliza
el año que finaliza
con un viejo de pochote,
que luce barba y bigote
y melena de algodón
y que va de levitón
atado a silla de mimbre,
para que en hombros se cimbre
por toda la población.
Por él mi pueblo trasnocha
gozando en arpas y güiros
ya alegres cantos guajiros
ya la música jarocha,
que alegremente derrocha
comparsa quintopatiera,
mientras pide bullangera
limosna para el longevo,
que dejó para Año Nuevo
prole sedienta y rumbera.
Cantar de esencias pascuales
que solo una vez florece
y a todo un pueblo estremece
con versos tradicionales;
rosa de los arrabales
cual la fiesta de la Cruz,
al añorar su fragancia,
mi alma grita en la distancia
¡Veracruz….! Mí ¡Veracruz!

Juana del Carmen Santos Medel

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